miércoles, 27 de mayo de 2009

EL AAIÚN, CIUDAD OCUPADA



Se llama Hayat Erguibi. Tiene 19 años y vive en la ciudad ocupada de El Aaiún. El pasado 21 de febrero varios policías marroquíes la detuvieron, le taparon los ojos con un trapo sucio y la llevaron hasta algún lugar en el desierto. Le quitaron la ropa, la violaron en repetidas ocasiones, le golpearon con toallas mojadas y le hicieron fotos totalmente desnuda. Su supuesto delito era hacer pintadas en el barrio de Matalah y participar en manifestaciones a favor de la independencia del Sahara Occidental.

La acusación contra Salek Assaidii, de 23 años, era muy parecida. A él lo llevaron hasta una comisaría, le quitaron la camiseta y le obligaron a acostarse en el suelo boca abajo. Entonces, le rociaron con gasolina y con un mechero le prendieron fuego. Ahora tiene graves secuelas psicológicas, quemaduras por todo su cuerpo y cojea ostensiblemente.

El lunes por la tarde estuve sentado con ambos en una casa de El Aaiún mientras varios policías marroquíes nos vigilaban desde fuera. Pero Hayat y Salek no tenían miedo. Durante los últimos cuatro años han sufrido en sus propios cuerpos una violencia tan salvaje que ya nada ni nadie podrán callarles. “Marruecos piensa que nos doblegará con torturas y violaciones”, dice Hayat, “pero es todo lo contrario. Cada golpe nos da nuevas fuerzas y nuevas razones para seguir adelante”.

Estas dos historias no son excepcionales. En el Sahara ocupado hay más chicas violadas, más agresiones, más palizas de las que caben en este artículo. En los tres días que he pasado en El Aaiún junto a una delegación del movimiento solidario español he podido hablar con personas que han pasado hasta quince años desaparecidas sin nada que se parezca a un juicio justo en distintas cárceles marroquíes, con padres que hoy en día no saben dónde están sus hijos desde hace años, con activistas de Derechos Humanos que sufren la vigilancia y la amenaza permanente.

Hace cuatro años comenzó la Intifada en los territorios ocupados. Los saharauis quieren ejercer su derecho a decidir sobre su futuro, el mismo derecho que la legalidad internacional reconoce y que Marruecos bloquea una y otra vez, en una constante burla al resto del mundo. Cuatro años después, la Intifada prosigue en unas condiciones dificilísimas. Hay manifestaciones, encierros, presos en huelga de hambre, pintadas; pero a cada acto de protesta le sigue una brutal represión.

Todo esto está ocurriendo a 200 kilómetros de nuestro tranquilo Paraíso. Mientras nosotros nos enredamos con corruptelas, pelotazos urbanísticos y el juego banal de la política doméstica, a esa corta distancia los ojos de miles de personas que viven asfixiadas bajo la violencia física, las torturas y el miedo nos miran y nos interrogan. ¿Y ustedes, ante esta terrible violación de los Derechos Humanos, qué están haciendo? La respuesta, de momento, es bastante triste. Mirar para otro lado.

sábado, 9 de mayo de 2009

UNA VOZ IMPRESCINDIBLE



Ahí lo tienen. Limpito, afeitadito, bien vestido de chaqueta y corbata y saludando a la Infanta el día que le concedieron la Medalla de Oro de Cruz Roja por su labor periodística en el ámbito de la inmigración y su sensibilidad hacia este asunto. Se lo dije ayer a él mismo y ahora lo pongo en este blog. Te lo mereces, Nicolás Castellano, porque el día que no haya voces como la tuya (Cadena SER) en este país todos los invisibles del mundo serán un poco más huérfanos. Pero aún siendo esto importante, lo mejor de todo es que, debajo de esa pinta de broker neoyorquino de origen hindú, brilla una persona sencilla. Y que escondido entre los pliegues de su chaqueta, más o menos a la altura del corazón, Nico siempre lleva a sus amigos. Y yo tengo la suerte de estar entre ellos. Enhorabuena, boli, a seguir currando.

miércoles, 6 de mayo de 2009

EL REINO DE LA IMPUNIDAD



¿Se imaginan un lugar donde cada semana se producen manifestaciones y la policía carga con brutalidad y golpea y tortura a los manifestantes? ¿Me creen si les digo que en este sitio hay presos políticos en huelga de hambre ante la indiferencia oficial? ¿Y qué opinarían si, además, se produjeran violaciones, arrestos indiscriminados, registros violentos en domicilios particulares, encierros en condiciones inhumanas y, en fin, todo el despliegue brutal de una poderosa maquinaria represiva contra la población indefensa? Pues todo está ocurriendo ante los ojos del mundo a unos 100 kilómetros de Canarias, en los territorios ocupados del antiguo Sahara Occidental.

Hace unos días, Costa Rica y Uganda presentaron una solicitud ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para los soldaditos de la ONU que se encuentran en este territorio pudieran velar por el respeto a los Derechos Humanos. Sin embargo, el embajador francés vetó dicho acuerdo. Es comprensible. Los cascos azules de la MINURSO andan demasiado ocupados haciendo rallies por las dunas con los 4x4 de la ONU, pintando graffitis del tipo “John was here” sobre los grabados prehistóricos del desierto y celebrando fiestas privadas en hoteles de lujo mientras en las calles por las que ellos mismos circulan se golpea, se tortura y se reprime brutalmente cualquier intento de expresión libre de los saharauis.

No es ciencia ficción. Es la pura realidad. Pude verlo con mis propios ojos en mayo de 2005 en la ciudad ocupada de El Aaiún. Vi como machacaban a golpes al activista de Derechos Humanos Bazid Salek o cómo entraba la Policía en las casas del barrio de Matallah y arrasaba todo a su paso o los siniestros y trágicos resultados de la tortura en los cuerpos de Hamed Hmad o Brahim Numria. No es propaganda, es tan cierto y constatable como la indiferencia del mundo hacia la última de las vergüenzas internacionales heredadas de la fallida descolonización.

El intento de modificar la misión de la ONU en el Sahara para que los soldaditos puedan empezar, de verdad, a trabajar, incluía también los campamentos de refugiados de Tinduf, donde, según la propaganda marroquí, también se violan los Derechos Humanos. Sería lo más justo. Pero no ha podido ser. Y, como ha venido ocurriendo desde hace treinta años, el reino de Marruecos ya se ha alegrado oficialmente de que un manto de olvido y oscuridad siga tapando lo que ocurre en el Sahara.

Y a todas estas, España, antigua potencia colonizadora, mantiene un vergonzoso silencio para no molestar. Pero no se preocupen. Llegará el día en que se abran las puertas y un aire purificador recorra las arenas de ese desierto y las calles de sus ciudades. Mucho tendrá que cambiar el mundo, pero puede hacerse. Y entonces, quienes hoy miraron para otro lado o negaron la evidencia o hicieron negocios para beneficiarse de esta situación (léase algunos empresarios canarios) tendrán que mirarse al espejo y aceptar que fueron cómplices de un silencioso y pertinaz crimen contra la dignidad del ser humano en medio de la total impunidad. Tiranías peores han caído.

(Foto: Archivo personal. Una joven tras ser golpeada durante una manifestación en El Aaiún, mayo de 2005)

jueves, 30 de abril de 2009

CORBACHO, HUMORISTA

El ministro Corbacho tiene un acreditado sentido del humor. Ayer mismo, sin ir más lejos, volvió a deleitarnos a todos con una gracieta digna del mejor "late night show". El titular de la cartera de Trabajo e Inmigración abrió esa boquita y pidió a las comunidades autónomas que fueran solidarias con Canarias y acogieran en su territorio a los menores extranjeros que saturan los centros de acogida canarios.

Habrá que investigar si Corbacho ha viajado recientemente a México y está afectado por la gripe porcina, pero me parece que todo un ministro tendría que ser un poco más serio cuando se habla de ciertos asuntos. Llevo más de dos años escuchando la misma cantinela a los ministros del ramo (Caldera y Corbacho) sin que, desde el año 2007, se haya producido un solo traslado en condiciones desde Canarias. Una de dos, o no les hacen ni puto caso (no me lo creo, sobre todo porque controlan el talonario de lo público) o no les interesa el tema más allá de hacer unas declaraciones políticamente correctas de vez en cuando.

A la irresponsabilidad del Gobierno nacional a la hora de coger el toro por los cuernos se suma la intencionada mojigatería del Gobierno canario, que tampoco está demasiado interesado en buscar soluciones de verdad para la acogida de estos chicos, en la creencia de que mejorar sus condiciones de vida es un nuevo "efecto llamada" para que sigan viniendo.

Y en medio de estas dos superpotencias del buen rollito están unos mil niños africanos acogidos en Canarias en condiciones no óptimas para su normal integración, en centros que no tienen los mínimos de habitabilidad, supersaturados y en un tris de que pase una día una desgracia. El verano está a la vuelta de la esquina y, pese a la aparente calma, los cayucos volverán. Y a bordo vendrán menores. Y entonces habrá que salir corriendo a buscar soluciones. Y todo se hará mal. Y vuelta a empezar.

Lo que Corbacho tendría que hacer es buscar soluciones de verdad ahora que no está habiendo una gran entrada de chicos y dejarse de brindis al sol.

miércoles, 22 de abril de 2009

LA LEY DE LOS HOMBRES


Viajaban en dos pequeñas embarcaciones rumbo a Europa. Habían salido de Libia diez días atrás, pero perdieron el rumbo, se les acabó la gasolina o se estropearon los motores, vaya usted a saber. El pasado jueves estaban a decenas de millas de la isla italiana de Lampedusa, cuando un carguero turco llamado Pinar los descubre en medio de su desamparo. El capitán, obligado por esa necesaria ley del mar que proclama el obligatorio rescate de cualquier naufrago, se acerca hasta ellos y los sube a bordo.

Eran 145 personas. Entre ellas había unas 35 mujeres, dos embarazadas y otra, también en estado de gestación, que falleció en algún momento de la travesía o posterior al rescate, una circunstancia aún por aclarar. Estaban realmente débiles, con síntomas de hipotermia y deshidratación. Al parecer, se les habían acabado las provisiones y estuvieron bebiendo agua del mar. Su situación era muy peligrosa.

Sin embargo, el baile empieza cuando el capitán del barco turco se pone en contacto con las autoridades de Malta e Italia. El Gobierno de Berlusconi no se quiere hacer cargo de los inmigrantes porque dice que fueron rescatados en aguas bajo competencia maltesa; por su parte, el Ejecutivo maltés plantea que deben ser desembarcados en el puerto más cercano, en este caso italiano.

Mientras se prolonga el diálogo de besugos, la situación a bordo se va deteriorando hasta el punto de que Italia se ve obligada a mandar varios médicos para comprobar qué está pasando. Los 13 tripulantes del Pinar comienzan a sufrir también problemas de salud, no hay suficientes mantas a bordo y hace mucho frío por la noche. El funeral por la chica embarazada se celebra en la cubierta en medio de un impresionante silencio.

Al final, tras cuatro largos y vergonzantes días que deberían hacernos enrojecer a todos los europeos y solo para evitar un escándalo internacional si otro de los inmigrantes moría en el barco, Italia decide aceptarlos y los desembarcan en Sicilia, desde donde, probablemente, muchos serán repatriados a sus países.

Aseguran que el capitán del Pinar, cuando reemprendió su viaje tras esta historia rocambolesca, mascullaba entre dientes que, la próxima vez, quizás pasara de largo para evitarse problemas y tantos días de retraso. “¿Para qué me preocupo tanto si luego los gobiernos se pasan la pelota unos a otros? ¿Tengo yo que rescatar a inmigrantes que, posteriormente, nadie acepta desembarcar? ¿De qué sirve la ley del mar, si al final se impone la ley de los hombres?”, dicen que se preguntaba en voz alta.

La foto es de Efe.

lunes, 20 de abril de 2009

TELPAZ Y YAYI BAYAM


El Ayuntamiento de Telde, mi ciudad, ha querido invitarme este año a dar una charla dentro del proyecto Telpaz (Telde, municipio de la paz y la solidaridad), que este año han dedicado, con buen criterio, a las migraciones. Para mí es todo un honor que cuenten conmigo para estas cosas y, encima, será algo muy especial por dos razones. En primer lugar, porque el acto, previsto para el próximo viernes 24 a partir de las 17.30 horas, se celebrará en el Instituto José Arencibia Gil, precisamente el centro donde estudié durante cuatro años (además de jugar al futbolín, cantar en una murga, empezar a fumar y fugarme de clase). Es bonito volver a estos sitios.

Pero es que, además, en esta ocasión estaré fantásticamente acompañado por Yayi Bayam Diouf. Conocí a esta mujer en Senegal allá por el año 2006. En aquel entonces, madame Yayi, quien había perdido a su hijo en un cayuco, había creado una asociación de mujeres víctimas de la inmigración clandestina en el pueblo de Thiaroye sur Mer, a pocos kilómetros de Dakar. Casi no se las conocía entonces. Hoy, por el contrario, se han convertido en una referencia. Las mujeres de Thiaroye se hicieron fuertes ante la desgracia y, pese a todas las críticas que a veces reciben, están alfabetizando y luchando para tener una segunda oportunidad en la vida.

Hace pocos meses volví a verlas en Senegal. Ya tenían una sede social y habían creado una cooperativa para fabricar muñecas que venden a turistas y periodistas que se acercan por allí. Pero lo más increíble de todo es que todavía, tres años después de la desaparición de sus hijos en el mar, sueñan con verlos regresar algún día. Como me dijeron la primera vez, "preferimos vivir con la esperanza que con el dolor".

Allí estaremos.

La foto de Yayi Bayam la sacó mi amigo el inmenso fotógrafo y mejor persona Patxi Uriz cuando estuvimos juntos en Dakar. Si pueden, no se pierdan su página web con musiquita y todo. www.patxiuriz.com

jueves, 16 de abril de 2009

SUEÑAN LAS PULGAS CON COMPRARSE UN PERRO...



Me lo manda mi amiga Inés (besos) y lo cuelgo por mi hermana que siempre está ahí y por todos los nadie del mundo. Escuchar el poema en la voz de Galeano es una auténtica gozada.

miércoles, 15 de abril de 2009

BREVE MANUAL DE LA INVISIBILIDAD

Nadie nace invisible. Esta condición se suele adquirir con el tiempo y tras un largo y penoso proceso. Al principio puede ser una extremidad, un brazo por ejemplo. Cuando te vienes a dar cuenta, una mañana temprano, te pones frente al espejo y ya no está. Luego desaparece el otro y, en el transcurrir de unas semanas, las piernas, el tronco, la cabeza y, tatatachán, he aquí un nuevo invisible.

A otros les pasa de golpe. Han estado toda la vida trabajando duro y, de repente, les ponen de patitas en la calle. Hasta ese momento, su presencia corpórea había sido advertida por todos cuantos se cruzaban en su camino, el portero, la panadera, la chica del quiosco, su jefe, sus compañeros del trabajo. Sin embargo, en un plis plas, ya nadie es capaz de verlo. Esta persona sale cada día a la calle en busca de un empleo que le permita ganarse el jornal, pero no hay nada que hacer. La gente ya ni lo esquiva.

Luego están los invisibles por contraste. Los negros, por ejemplo. Ellos llegan de lugares que, en realidad, no existen y se dedicaban hasta ahora a los trabajos más duros y peor pagados, como la agricultura o el servicio doméstico. Sin papeles, sin oportunidad de conseguirlos, muchos acababan vendiendo en los mercadillos. Veíamos las máscaras y las telas africanas, pero a ellos no. Ahora muchos se han ido o quieren irse porque el trabajo escasea. Llegan y se van. Invisibles, al fin.

Y, finalmente, hay una especie de invisible que abunda mucho últimamente. Son los pobres de solemnidad. Nadie lo sabe, pero están ahí. Junto a mi casa vive uno. Ya está jubilado, cobra unos quinientos euros de pensión y a veces lo escucho revolviendo en los contenedores. En los tiempos que corren hay mucho invisible como mi vecino. Pero no se preocupen demasiado, somos capaces de pasar a escasos centímetros de ellos y ni nos enteramos.

Hay quien dice que se está organizando una revuelta de invisibles en demanda de sus derechos inherentes a toda persona, sea cual sea su composición molecular. Que amenazan con echarse a la calle y colapsar las ciudades. Pero yo no me lo creo. Quizás por un mágico conjuro podamos verlos ese día y ponerles un poco de atención. Pero al día siguiente volverán a desaparecer. Es lo que tiene la invisibilidad, que tiende a ser irreversible.

miércoles, 8 de abril de 2009

PARADOS EN EL LODAZAL DE LA POLÍTICA

Si aún tienen la suerte de conservar su puesto de trabajo, hagan un día esta prueba. Vayan de buena mañana a la oficina del paro más cercana a sus casas y quédense allí dentro un ratito. No les digo una hora, ni siquiera media. Con quince minutos quizás tengan suficiente. Y no se preocupen por pasar desapercibidos. Pasarán.

Miren a los ojos de la gente. Verán de todo. Habrá personas mayores que se han quedado en la calle tras veinte o treinta años de trabajo duro e intenso, hombres y mujeres a quienes les acaban de decir que ya no sirven, que no son útiles; habrá también jóvenes recién salidos de la universidad o del instituto que no encuentran el mínimo resquicio por donde colarse en eso que llaman con rimbombancia “el mercado de trabajo”; habrá mujeres con cargas familiares; vecinos con los que se cruzan en la plaza, en la panadería, en el parque donde juegan los niños.

Pero fíjense bien. Ya que han hecho el esfuerzo de abandonar el mullido sofá o la siempre dura silla de la oficina, fíjense bien, aprovechen esta inmersión en el ser humano. Vuelvan a mirar a sus caras. Olvídense de esos viejos clichés de que los parados son todos esos que no quieren trabajar, una panda de gandules que prefieren vivir del Estado antes que levantarse temprano cada día. Porque eso no es cierto. Son gente como usted y como yo.

A uno le dieron la patada en una empresa de ferralla que tuvo que cerrar; la otra se quedó embarazada, porque sí, porque tiene derecho, pero en el curro “no le renovaron”; al de más allá, licenciado, le falta experiencia; el que está sentado a su lado era cocinero en ese restaurante de la esquina que cerró hace un par de meses. Y así hasta nada menos que 240.000 historias terribles y dramáticas sólo en Canarias. Y la cifra sigue subiendo.

Y si tienen el suficiente tiempo y la suficiente pericia, aprenderán una cosa. Descubrirán que la desesperación por la falta de un empleo existe y es compañera cotidiana en el barrio, que no es un cuento para asustar o enderezar a los pibes. Observarán que la gente tiene miedo a un día más sin trabajo y pánico a ese momento fatal en que se quedarán sin los paupérrimos 900 ó 1.000 euros que cobran cada mes. Que todo eso se nota, se percibe y se huele cada vez más, porque hace apenas un año el panorama era completamente distinto.

Y, por supuesto, y ya estamos en el final del ejercicio práctico de hoy, si siguen todos estos sencillos pasos entenderán en ese instante con meridiana claridad que no hay ningún derecho a que nadie, absolutamente nadie, se dedique a meter más miedo en el cuerpo a esas 240.000 personas jugando con la idea de que les pueden hacer pagar cada vez que vayan al médico. Eso lo insinuó alguien del Gobierno canario hace unos días y sólo caben dos opciones, a cual peor. O no sabe de qué habla, malo; o ha metido a los parados y al sagrado derecho de una sanidad pública y universal en el lodazal de la lucha política y partidaria, algo sencillamente deleznable.

martes, 7 de abril de 2009

¡BONITO EJEMPLO!

A continuación, transcribo, no sin un poco de vergüenza, un artículo publicado estos días por el periódico senegalés L'Observateur. Aunque no se trataba de policías, sino guardias de seguridad contratados por una naviera española para llevar a cabo una repatriación de polizones, menudo ejemplo el que damos.

Tres policías españoles fueron detenidos, ayer, y encerrados en la prisión central de Rebeuss. Tras acompañar a jóvenes senegaleses repatriados, fueron detenidos en el Aeropuerto Léopold Sédar Senghor por la Policía especial del aeropuerto tras un robo que habían cometido en una tienda libre de impuestos.

Los tres policías incriminados habían salido del aeropuerto de Madrid el sábado 28 de marzo pasado. Escoltaban a jóvenes senegaleses que debían ser repatriados. Fue durante la noche del sábado 28 al domingo 29 de marzo cuando el avión que los transportaba llegó al aeropuerto Léopold Sédar Senghor de Dakar. De acuerdo a su misión, los tres policías, comúnmente llamados agentes escoltas, pusieron a estos jóvenes senegaleses a disposición de los agentes de la Policía especial del aeropuerto. Ellos debían regresar a España en el siguiente vuelo

Queriendo regresar con regalos “made in Senegal”, las tres escoltas entraron en una tienda libre de impuestos del aeropuerto que vende antigüedades. Allí se encontraron con una mujer y compraron algunos artículos. En el momento de pagar, le dan a la mujer un billete de euros grande. La mujer, que no quería dejar pasar tal ocasión, va en busca de moneda, dejando a los tres españoles en la tienda. Ella ignoraba que un blanco puede también ser un redomado ladrón. A su vuelta, se encuentra con la sorpresa de que los tres agentes escoltas habían hecho una razzia llevándose buena parte de sus objetos de valor. Aquello fue suficiente para que alertara a los policías senegaleses que están en el aeropuerto.

Tras una discusión, los tres ladrones son detenidos y llevados a un recinto de seguridad de la comisaría especial del aeropuerto, donde pasaron el fin de semana. Tras tomarles declaración fueron llevados al Bloque de las Islas Madeleines y aquí fueron llevados ante un sustituto del fiscal. Este último, después de haber leído el acta de investigación preliminar y haberles tomado declaración, les notificó una inculpación por robo. Conducidos a la prisión central de Rebeuss en una guagua de la Administración penitenciaria, serán juzgados mañana miércoles por el Tribunal de delitos flagrantes de Dakar.

domingo, 5 de abril de 2009

¡QUE NO SE ESCAPE LA VIRGEN!



Unos 30 inmigrantes africanos y asiáticos participarán este año en la Semana Santa de Melilla como portadores y costaleros ante la falta de fieles dispuestos a cargar sobre sus hombros con las pesadas imágenes. Los extranjeros, que no tienen papeles para permanecer legalmente en España (uy, qué fino ma quedao), están acogidos en el CETI de Melilla. Espero que la Cofradía del Cautivo, responsable de la magnífica idea, se haya asegurado de que la Policía no entre a saco en mitad de la procesión y arranque con los inmigrantes para la comisaría, en plan barrio de Lavapiés (ver vídeo más abajo). Ver a la Virgen del Rocío o al Cristo del Resucitado a toda pastilla por las calles de Melilla a hombros de estos invisibles sería algo impagable. La foto de los ensayos es de Antonio Ruiz (El País).

miércoles, 1 de abril de 2009

ASÍ SE CONSTRUYE LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES

El proyecto de reforma de la Ley de Extranjería que promueve el Gobierno socialista es como el túnel del miedo de las ferias de los pueblos. A medida que vas penetrando en él te vas llevando los peores sustos. Es hasta cierto punto normal que a los legos en cuestiones jurídicas nos pasen desapercibidas algunas cuestiones recogidas en este nuevo texto legal que, sin embargo, una vez analizadas, son para mear y no echar gota, como decía Confucio.

En varias ocasiones me he ocupado de la repugnancia que produce el proyecto de ley que promueven los socialistas. Se trata de un texto legal que endurece aún más las condiciones de vida que ya sufren cientos de miles de personas extranjeras en nuestro país, una iniciativa que considera un delito el mero hecho de ayudar a otra persona, que criminaliza un fenómeno tan antiguo y natural como es la emigración y que descarga todo el peso del aparato del Estado y la represión sobre los más débiles. En uno de esos artículos me refería a la ampliación a sesenta días del periodo máximo durante el cual se podría mantener encerrado a un extranjero por el mero hecho de no tener papeles.

Pues bien, resulta que la infamia es aún peor. Una amiga “invisible” del mundo de la Justicia, a la que por cierto tengo que dar las gracias, me ha alertado sobre un aspecto que a mí se me había pasado por alto. Resulta que ese periodo de sesenta días es ampliable de modo indefinido si no se puede ejecutar la orden de expulsión por causas ajenas a la Administración española. En la práctica, que se puede mantener durante meses o incluso años a una persona en ese limbo legal que son los Centros de Internamiento por, simplemente, tener caducado su permiso de residencia.

El pasado lunes, en el escenario del teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, dos actores recién galardonados en los premios Max, Alberto San Juan y Javier Gutiérrez, tuvieron la suficiente lucidez y valentía para aprovechar ese momento de atención mediática y denunciar, entre otras cosas, que la legislación de inmigración de este Gobierno socialista se parece cada vez más a la de Aznar (la verdad, no sé si hay un insulto peor) y que no hay injusticia peor que perseguir y putear a los vendedores del top manta en aras a la defensa de unos supuestos derechos de autor. ¿Es esta la Alianza de Civilizaciones que propugna Rodríguez Zapatero? ¿Estas son sus promesas de preocuparse por los más débiles y hacer frente a los poderosos?

Cuando el actual presidente del Gobierno salió al balcón de la calle Ferraz la noche del 14 de marzo de 2004 tras ganar sus primeras elecciones, miles de jóvenes le gritaron aquello de “no nos falles”, un grito detrás del que estaban millones de españoles. Y eso es precisamente lo que está haciendo con las iniciativas adoptadas en su segunda legislatura en materia de inmigración, iniciativas reaccionarias más propias de la derecha que de un partido progresista y movidas toda ellas por el afán de retener un puñado de votos. Fallarnos a nosotros, pero, sobre todo y lo que es peor aún, fallarse a sí mismo y a sus propios principios.

viernes, 27 de marzo de 2009

MADERA DE CAYUCO

Miren que se lo veníamos diciendo desde hace tiempo. Empieza a llegar gente a España de todos los lugares del mundo y luego pasa lo que pasa. Que si un italiano, una brasileña, un marroquí, otro de Gambia, otro de España y hasta un chico que llegó en un cayuco a Canarias hace dos años y así hasta catorce personas de diez nacionalidades distintas. Y ya la tenemos liada. Se juntan, empiezan a tocar guitarra, tambores y otros instrumentos y llega un momento en que se divierten y hacen que el público baile y pase un buen rato. Y hasta graban una maqueta. Se llaman Madera de Cayuco y aquí les pongo un vídeo. Sin grandes alardes ni presupuesto, bienvenidos al futuro mestizo que ya está aquí. El problema lo tendrán ahora los cortitos de mente que quieran atribuir una nacionalidad al grupo, claro.

martes, 24 de marzo de 2009

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES

Tenemos los periodistas cierta tendencia a pensar que nuestro oficio es el más importante del mundo, que aquellas cosas que decimos o escribimos son verdad revelada y que influyen decisivamente en el discurrir de las cosas. De hecho, en los últimos quince años he tenido ocasión de ver a famosos compañeros de profesión naufragar en su propio ego y quemarse en la hoguera de las vanidades mientras pensaban que, en realidad, estaban rescatando al mundo de las fauces de la ignorancia.

Andaba yo en cavilaciones como ésta el otro día cuando me topé, de frente y por vía televisada, con el Debate sobre el Estado de la Nacionalidad, que así es como llaman por estos lares a cuando se juntan los políticos para explicar qué andan haciendo y prometer las cosas que harán a partir de mañana. Y a resultas de este encuentro fortuito tuve que admitir que periodistas y políticos, quizás a fuerza de arrejuntarse, se parecen más de lo que unos y otros quisieran.

Ahí estaban el presidente canario, los miembros del Gobierno, los portavoces, los asesores, los secretarios, los vocales, sus señorías los diputados y toda esa maraña de beneficiados del poder interpretando su obra de teatro favorita, que es una tragicomedia. Causa risa, porque ellos realmente piensan que a la gente le interesan sus sesudas chorradas o sus insultos de baratija; pero también causa pena y dan ganas de llorar la cantidad de tiempo y dinero que invierten en la fiesta.

Mientras tanto, la vida de verdad sigue su curso, bien lejos de la sede del Parlamento y, sobre todo, de las mentes de estos señores. ¿Alguien piensa, de verdad, que a esta gente le preocupan los parados más allá de la foto oportuna o el discurso impostado? ¿O los discapacitados? ¿Y los dependientes, los inmigrantes, los menores? ¿Qué son para ellos, sino oportunidades de ganar o de perder votos, de perpetuarse en el poder, de seguir en el machito? Les oigo hablar y hablar, prometer y prometer y solo se están mirando el ombligo, ciegos por su propia vanidad.

Políticos y periodistas, ¡cuánto nos odiamos y cuánto nos parecemos sin saberlo!

viernes, 20 de marzo de 2009

MI NOMBRE ES NADIE

Nicolás Castellano (Cadena SER) es un periodista honrado. Juntar esas dos palabras es cada vez más difícil en los tiempos que corren. Comparto con él la pasión de arrojar luz sobre la parte invisible del mundo, de contar lo que muchos no quieren que se cuente, de poner voz, rostro y nombres a ese drama colectivo que toca a diario a las puertas de nuestras casas. Armado con su grabadora, su micrófono y su sentido común, Nicolás se echa al mundo y golpea nuestras conciencias. Como debe ser.
Carla Fibla es otra periodista de raza, combativa, valiente, dispuesta a darlo todo por una causa justa. Durante muchos años, fue corresponsal de la SER y La Vanguardia en Marruecos y vivió en primera línea el tránsito de miles de subsaharianos hacia Europa.
Hace un par de años, ambos se juntaron para dar a luz un maravilloso audiolibro, "Mi nombre es nadie" (Editorial Icaria), en el que recogen buena parte de su trabajo con la inmigración clandestina. El martes que viene a las 12.00, lo presentan en la Casa del Libro (Gran Vía, 29 Madrid), arropados por Iñaki Gabilondo y Angels Barceló, y luego se van a Sevilla y Valencia. Junto a ellos estarán el excelente fotógrafo Juan Medina y el presidente de CEAR, Javier de Lucas.
Si pueden, vale la pena que los oigan. Afortunadamente, sus palabras chirrían en un primer mundo cada vez más insolidario, más egoísta, más centrado en sí mismo. Enhorabuena a los dos. Ojalá no se callen nunca.

martes, 17 de marzo de 2009

LOS PAPELES DE CHEIKH

Ya les he hablado de él en otras ocasiones. (http://pepenaranjo.blogspot.com/2008/06/cheikh-y-la-crisis-del-petrleo.html). Tiene un nombre casi tan difícil de escribir como de pronunciar, así que lo hemos dejado en Cheikh (pronúnciese Shej). Un buen día de hace casi tres años llegó montado en su propio miedo hasta una playa del cálido sur. Allí desembarcó sin nada. Tres años después, Cheikh lava coches en Miller Bajo por tres euros, seis por dentro y por fuera y nueve si son furgonetas.

En todo este tiempo ha hecho un poco de todo. Ha doblado la espalda en el campo, se subió al andamio cuarenta veces y cuarenta veces se tuvo que bajar para dejar su sitio a otro que sí tuviera papeles, pintó, encaló, amasó, revolvió y cargó todo lo imaginable. Tres años dan para mucho. Y Cheikh salió del centro de acogida y se fue a vivir a un piso con unos amigos (cuatro amigos, dos habitaciones) y ahora se ha mudado otra vez y ya tiene, por fin, un cuarto propio para soñar por las noches sin que le molesten.

La crisis le pilló, así, por sorpresa, en un edificio en obras. Le dijeron, tienes que irte. Y Cheikh cogió su nada y se fue caminando hasta Miller Bajo por el mismo camino por donde había salido. Y volvió a lavar coches, siempre con su teléfono móvil encendido por si llamaba el patrón. Y pasaron los meses y pasaron los años. Siempre la misma rutina, la misma gente, los mismos noes por respuesta.

Casi tres años después de aquel día en que pisó, desconcertado, la arena de una playa del sur de Gran Canaria, a Cheikh le ha llegado el tiempo de los papeles. Por fin. A él, que ni siquiera sabe el día de su nacimiento, le toca ahora renovar el empadronamiento, pedir el certificado de penales para que se lo manden debidamente expedido y sellado desde Bamako (Malí), “inshalah”, pedir un informe al Ayuntamiento que acredite que está plenamente integrado en el barrio (?), comprobar si el pasaporte no está caducado… Una montaña de trámites y burocracia se levanta entre él y su futuro.

Pero todo parece estar en regla. En noviembre próximo, cuando se cumplan justos los tres años, tendrá al menos la opción de conseguir sus papeles. Sin embargo, le falta una cosa, un pequeño detalle. La ley dice claramente que para devolverle su condición de persona, para otorgarle el pleno y completo derecho a vivir en esta sociedad, para que pueda dejar su miedo en casa y no temer que la policía lo pare, lo detenga, lo encierre y lo deporte, para que pueda trabajar y tener vacaciones, días libres, seguro y esas cosas, Cheick tiene que encontrar un empresario que le haga una oferta de trabajo.

Precisamente ahora, con 220.000 parados en Canarias y subiendo a un ritmo enloquecido, en medio de la peor crisis de los últimos años, rodeados de un panorama desolador de consumo estancado y gobiernos timoratos, justo ahora es cuando Cheikh, negro, simpático, fuerte, pero sin estudios ni papeles, necesita una oferta de trabajo. “La cosa está chunga”, me dice con su acento maliense. Y yo lo miro y pienso qué estaremos haciendo mal para que una buena persona como Cheikh tenga que pasar por este calvario incomprensible con el único objetivo de que le admitamos en nuestro club selecto de dueños del mundo.

viernes, 13 de marzo de 2009

EL TERRIBLE DELITO DE IR AL SUPER

Les adjunto, queridos amigos, un ilustrativo vídeo sobre la manera en que nuestras fuerzas de seguridad combaten el terrible delito de ir al supermercado. En las imágenes, colgadas en Youtube y en la página Plataforma para la Defensa de los Inmigrantes (http://porladefensadelosinmigrantes.blogspot.com), así como en la web de la Cadena Ser, queda patente la peligrosidad de los delincuentes interceptados.


martes, 10 de marzo de 2009

NUESTRO AMIGO, EL DICTADOR

Foto: Ballesteros

Yahya Jamed cura el SIDA los jueves y el asma los sábados. Armado con el Corán y con una pasta verdosa a base de una mezcla de siete enigmáticas hierbas, el presidente y líder absoluto de la empobrecida Gambia recibe a sus súbditos y pacientes y les promete una rápida y certera curación. Lo que hace es todo mentira, pero da igual. Al fin y al cabo, en Gambia cada vez quedan menos periodistas libres para denunciar los embustes de sus dirigentes, porque las voces críticas son encarceladas o algo peor.

Y si no que se lo pregunten a la familia y los amigos de Deyda Haydara, el reportero de este país asesinado a sangre fría la noche del 16 de diciembre de 2004 cuando conducía su coche de vuelta del trabajo. Curiosamente, y tal como se ha ocupado de denunciar Reporteros sin Fronteras, Haydara estaba siendo investigado y vigilado por los servicios de inteligencia gambianos en el momento de su muerte después de que hubiera escrito artículos abiertamente críticos hacia la política oficial en materia económica y de libertad de prensa.

Sin embargo, ni los reporteros torturados o asesinados, ni la práctica de la ablación consentida desde las más altas instancias del poder, ni la falta generalizada de libertades, ni el encarcelamiento de los opositores políticos, ni el estrangulamiento de la sociedad civil. Nada de eso ha sido obstáculo para que el Gobierno de España, en la persona de la vicepresidenta Fernández de la Vega, se reuniera hace unos días con las autoridades gambianas en un clima de gran cordialidad y apoyo y respeto mutuo.

Admito que la vicepresidenta me cayó bien desde el principio. La recuerdo dando la cara en los lugares y momentos más difíciles, en los incendios, en las inundaciones, en los periodos de crisis de este Gobierno. Pero lo siento, esto no me lo trago. Me gustaría tener un Gobierno que respetara los Derechos Humanos dentro y fuera de sus fronteras. Que mis representantes públicos fueran más coherentes. Si sacamos las tropas de Irak porque aquella guerra era ilegal, ¿qué hacemos dando oxígeno a un dictador de la peor calaña que tortura y que mata a los suyos, que encierra a quienes no piensan igual, que persigue y hostiga a los homosexuales?, ¿qué estamos haciendo en África?

Dos patrulleras, dos todoterrenos, dos zodiacs, cinco motos y cursos gratis para la policía gambiana. Este es el precio con el que el Gobierno español pretende comprar la voluntad del dictador Yahya Jamed para que impida la salida de cayucos desde sus costas y acepte las repatriaciones desde España. Ésta es la política que exporta la democrática España hacia África. Como ya hiciera con Marruecos, con Mauritania y luego con Senegal, el chantaje como forma de relación política. Y si algo huele mal por allí, nos tapamos las narices y miramos para otro lado.

Sinceramente, de pena.

viernes, 6 de marzo de 2009

HAY FOTOS QUE HUELEN


No soy fotógrafo profesional ni aspiro a serlo, pero cuando viajo llevo mi cámara conmigo. Si veo algo que me gusta o bien que me disgusta, no me lo pienso demasiado, tiro de la mochila, la abro, saco el appareil y plaf, disparo. Ésta que hoy les traigo no ganará ningún concurso ni pasará a los anales de la historia, pero tiene una especie de alma que a mí me gusta. Esta foto huele.


La hice en el barrio de pescadores de Guet Ndar (Saint Louis-Senegal). Son las mujeres del lugar cortando, friendo, salando y dejando secar al sol el pescado que sus hombres arrancan al mar. Estaban detrás de una inmensa nave construida con financiación española y, tras sortear el edificio, lo primero que llamó nuestra atención fue una gran humareda negra. Así lo preparan, en unas grandes ollas con aceite obtenido del propio pescado. El olor es indescriptible, fuerte, penetrante. No es desagradable. Es distinto.


En este viaje a Senegal, realizado gracias a la invitación de la federación ecologista Ben Magec que está desarrollando un proyecto de turismo sostenible en Saint Louis (tursos.org), me tropecé con otros olores y sabores. Pero ninguno como éste. Quizás llegue el día en que a través de Internet también se puedan estimular las pituitarias. Mientras tanto, huelan la foto.

domingo, 1 de marzo de 2009

MUERA LA HOSPITALIDAD

Desde el martes pasado estoy en Senegal. Como periodista, voy aquí y allá, metiendo las narices donde nadie me llama, haciendo fotos, grabando un vídeo con mi amigo Adolfo. Al principio siempre es difícil. El otro día, en el barrio de pescadores de Guet Ndar (Saint Louis), casi le pegan a un chico que conocimos por intentar hacer unas fotos. Sin embargo, si pides permiso, si preguntas, si te muestras amable, las cosas suelen salir bien.

En este viaje y de momento, África me ha hecho dos regalos. El primero fue un atardecer maravilloso. El sol ya estaba cayendo y regresando a Saint Louis desde el sur decidimos parar para grabarlo. Quienes conocen este continente saben que la luz de esos instantes es indescriptible. Un enorme sol anaranjado se escondía entre las ramas de los baobabs (árboles orgullosos a los que Dios puso del revés por su soberbia) y un grupo de niños con un burro se acercó a jugar con los toubab (blancos) locos que graban cualquier cosa. El otro regalo ha sido, una vez más, el buen rollo de la gente, su alegría, su dignidad, sus ganas de ayudarte y de ayudarse, su filosofía de la vida, su respeto.

Y recordaba yo estos días cómo nuestra nueva Ley de Extranjería promovida por el Gobierno de Zapatero pretende multar a todo aquel que ayude a un inmigrante sin papeles. Dicho de otra manera y pese a quien le pese, a una persona de carne y hueso. Es decir, que hemos elevado a la categoría de delito, de falta punible, lo que por esta tierra no es sino hospitalidad. Menudo disparate. Si ésta es la mejor política de inmigración que puede hacer un partido de izquierdas, mejor que se hubieran quedado en las catacumbas.
 
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