Un mes y dos días después, Aminetu ha vuelto a España. No va a estar mucho tiempo, el justo para someterse a un chequeo médico y para renovar su permiso de residencia. La verdad es que es una alegría verla caminar otra vez por el aeropuerto de Gran Canaria después de la huelga de hambre que mermó su salud y que, dicho de sea de paso, volvió a colocar la descolonización pendiente del Sahara Occidental en el centro del debate político español.
Sin embargo, Haidar no es la única activista saharaui que lo ha pasado mal. Desde el pasado 8 de octubre, hace más de tres meses, seis hombres y una mujer están encerrados en la prisión marroquí de Salé por haberse atrevido a denunciar las barbaridades cotidianas que se viven en los territorios ocupados. Al igual que ocurrió con el caso de Aminetu, el mundo debería poner sus ojos en estos siete activistas y exigir su liberación, sobre todo después que se conociera que están siendo sometidos a todo tipo de vejaciones, nunca confirmadas, como es costumbre, por parte marroquí.
Estos días hemos asistido a los redoblados esfuerzos de Marruecos por sacar adelante su plan de autonomía para el Sahara Occidental. Hoy, más que nunca, la comunidad internacional debe afianzar su compromiso por una solución pacífica, justa y negociada para este conflicto que está envenenando las relaciones entre los países de la zona y que afecta, vaya que si afecta, a la estabilidad y seguridad en el Mediterráneo.
Ya va siendo hora de que se cumpla la legalidad. Permitir que Marruecos se salte a la torera todos los instrumentos legales de los que nos hemos dotado y pisotee los derechos del pueblo saharaui sería como claudicar ante la barbarie. No es una cuestión de que ganen unos y pierdan otros. Las opciones son la justicia y el derecho, por un lado, o su derrota, por el otro. Si se adopta una decisión unilateral sin contar con la voluntad de quienes van a sufrir las consecuencias, sería como asestar un golpe definitivo a la democracia y a la confianza en los organismos internacionales.
Aminetu Haidar ha vuelto para recordarnos que las violaciones a los Derechos Humanos se siguen produciendo en el Sahara y que la espina de la resolución definitiva de este anacronismo de la Historia sigue clavada y supurando.Ya está bien de mirar hacia otro lado y de hacer como que no pasa nada.
martes, 19 de enero de 2010
miércoles, 23 de diciembre de 2009
LA LECCIÓN DE AMINATOU

Aminatou se plantó, sola y descarada, frente a la fuerza arbitraria de dos estados. Y les dijo aquí estoy, me han traído hasta esta isla en contra de mi voluntad y me yergo, pacíficamente, para defender mis derechos. Sólo pido volver a mi casa. Y los dos gobiernos no acertaron a encontrar la manera de reaccionar ante una mujer que no esgrimía armas ni alentaba revoluciones, una mujer serena, firme en sus convicciones que dijo ni un paso atrás, ni una cesión más, hasta aquí hemos llegado.
Un estado es capaz de responder y hacerse fuerte frente a una agresión exterior. Es capaz de combatir el terrorismo y la violencia de grupos armados. Frente al puñetazo en la cara, el estado apunta y dispara. Pero, ante alguien así, ante la dignidad no violenta de Aminatou que te saca las vergüenzas y te dice, señores gobernantes, es por ustedes que me veo privada de mis hijos y mi tierra, los estados no saben qué hacer sino presionarla, intentar hacerla desistir, engañarla y humillarla una y otra vez, pretender que pida perdón o que acepte ser una exiliada más, lejos de los suyos.
Y los confundidores de siempre se lanzaron a los caminos y a las plazas, mentira en ristre, para repetir su letanía, que si aquello era una maniobra del Polisario y de Argelia, que si Aminatou estaba siendo utilizada, que si el Gobierno español actuó movido por el humanitarismo y que por eso la dejó entrar en el país. Y hasta hubo quienes se atrevieron a decir que Aminatou no estaba en huelga de hambre, que en realidad se hartaba a comer por las noches. Lo dijo el cónsul de Marruecos, sí, pero él sólo cumplía el penoso papel de bufón en esta opereta. Lo triste es que muchos periodistas de alto copete y tertulianos de postín siguieron ese camino. A ninguno le escuché dar marcha atrás el día que Aminatou, reventada por las náuseas y deshidratada, tuvo que ingresar en el hospital. Al día siguiente tampoco los oí. Ni al otro, ni al otro.
Y para acabar, la traca final. Francia y Estados Unidos aciertan al fin con la sinfonía que la torpeza y la debilidad de España no le permitieron nunca tocar. Y Aminatou vuelve a casa. Mientras vuela, el convidado de piedra, es decir, el Gobierno español, emite una nota en la que asegura que en los territorios ocupados impera la legalidad marroquí, algo falso y cierto a la vez. Está claro que allí manda Marruecos de facto en contra de toda la doctrina jurídica de Naciones Unidas. Pero esto es lo único cierto.
Porque hablar de legalidad en un lugar donde la única ley que rige es la de la selva parece bastante arriesgado. ¿Quién puede hablar de leyes en una tierra donde hay decenas de presos de conciencia, donde te pueden quemar en una comisaría por sacar una bandera, donde le quitan el pasaporte a los ciudadanos porque sí, donde se viola la libertad de expresión, donde se censura a los periodistas, donde se pasan por la boina todos los días los Derechos Humanos? ¿Esa es la ley de Marruecos o es la ley del más fuerte?
Aminatou Haidar, con su gesto, ha roto por unos días el bloqueo informativo que se cierne sobre el Sahara con la complicidad de las grandes empresas periodísticas. La represión en El Aaiún, la violencia, las cargas policiales, la vigilancia a los activistas, los cercos en torno a sus casas, no son nuevos. Es cierto que estos días han sido más intensos, pero esta misma situación se viene repitiendo al menos desde hace cuatro años y medio, cuando estalló la Intifada saharaui. Otra cosa es que ahora hayamos tenido el foco apuntando hacia allí, algo que debemos, sin ninguna duda, a Aminatou.
Haidar nos ha enviado el mensaje de que en su tierra se cometen todo tipo de salvajadas contra la población civil desarmada, una gente que ha hecho de la resistencia pacífica una forma de vida. Si queremos que ese mensaje no se pierda, si valoramos en algo su lucha, exijamos de una vez por todas que la ley, pero la de verdad, no la de Marruecos, impere en el Sahara. Y, para empezar por algo sencillito, que al menos se respeten los Derechos Humanos. Los intereses de estado no tienen por qué ganar siempre la batalla. Me parece a mí que esta es la lección que nos ha dejado Aminatou.
jueves, 10 de diciembre de 2009
ESPAÑA SE EQUIVOCA CON AMINETU
Escribo este artículo sabiendo de antemano que me va a quedar un poco largo. Y es que hay veces que tanta chapuza no cabe en espacios pequeños. Por eso, vayamos al grano.
Primer error. El Gobierno marroquí retira el pasaporte y expulsa ilegalmente a Aminetu Haidar del Sahara porque ella denuncia cómo se están violando sistemáticamente los derechos humanos en su tierra. Y el Ejecutivo de España, sabiendo que esta expulsión era contraria a derecho, lo acepta y permite que ella traspase los controles y llegue a Lanzarote. No puede alegar desconocimiento. España lo sabía.
Segundo error. Ya en España, no se autoriza a Haidar a volver a su tierra asegurando que es legalmente imposible porque carece de pasaporte. Sin embargo, días después, el mismo Gobierno esgrime una resolución policial extraordinaria por la que sí se permite salir del país a la activista. ¿En qué quedamos? ¿Puede o no puede cruzar la frontera? ¿Antes era imposible y ahora, de repente, es legal?
Tercer error. España pone en marcha a su diplomacia para intentar convencer a Marruecos de que devuelva el pasaporte a Haidar. Estas gestiones no sólo fracasan con estrépito y dejan en evidencia la debilidad española a la hora de reponer la legalidad quebrada y el cumplimiento de los Derechos Humanos, sino que hacen fuerte a Marruecos, que se atreve a chantajear con rebajar la vigilancia de la inmigración, el terrorismo y el tráfico de drogas.
Cuarto error. Ante el fracaso de las gestiones diplomáticas, España monta una operación a espaldas de las autoridades marroquíes y de la propia Aminetu para intentar colarle a la activista a Rabat por sorpresa. Piden permiso para sobrevolar y aterrizar, pero no esperan a obtener el sí político, aún a sabiendas de que Marruecos no iba a permitirlo. El show es de tal calibre que el desviado especial de Moratinos para esta crisis, Agustín Santos, llega a pedir al piloto que despegue de Lanzarote sabiendo que le habían retirado el permiso para tomar tierra en El Aaiún. Vamos, aterriza como puedas, versión cutre. “Ya lo arreglaremos en el aire”, dijo Santos. Cuando la operación se aborta, la estratagema española queda al descubierto.
Quinto error. En lugar de centrarse en devolver a Haidar a su casa haciendo las presiones al nivel que corresponda, el Gobierno español camia de estrategia y pretende quebrar la voluntad de Haidar y hacer fracasar su huelga de hambre alimentándola a la fuerza. Para ello, la delegada del Gobierno en Canarias pone una denuncia y moviliza a un juez que, con una notable falta de tacto y acompañado de dos policías y varios funcionarios, irrumpe en el cuarto de Haidar. Tras salir a empujones, intentan arrebatar la cinta a un cámara por grabar en la calle. Muy democrático todo.
Sexto error. La estrategia del Gobierno también pretende aislar a Haidar de su entorno, al que responsabiliza de empujar a la activista hacia la muerte. Quienes defienden esta tesis, y se la he oído a mucha gente, lo hacen porque no conocen a Aminetu, no la han visto decir que está dispuesta a morir, no la han visto caminar por las calles de El Aaiún cercada de policías y haciendo la señal de la victoria, no saben de quién están hablando, no tienen ni idea de su voluntad firme y de su coraje. Podría entender que dijeran que Aminetu maneja a su entorno, pero nunca, jamás, que ella esté siendo manejada.
Séptimo error. El presidente Rodríguez Zapatero ha admitido públicamente que los intereses generales priman por encima de la vida de Aminetu Haidar. Da igual la forma en que lo hiciera, eso es lo que quiso decir. Es decir, la razón de Estado frente a los derechos de las personas, que pueden ser avasalladas, expulsadas de su país e incluso amarradas a una cama de un hospital y entubadas en contra su voluntad. Muy ejemplarizante.
Tendrán que perdonarme, pero es posible que por las prisas de terminar este artículo me haya olvidado de algún error más cometido por este Gobierno de España que tanto alardea de defender a los débiles y bla, bla, bla, pero si quieren seguimos hablando la próxima semana.
De momento, termino contándoles que en los cinco días que he pasado en el aeropuerto de Lanzarote he escuchado dos frases que resumen, para mi gusto bastante bien, lo que está ocurriendo. La primera me la dijo un compañero periodista: “Se acaba el tiempo para Aminetu, ya sólo le queda su sufrimiento”. La otra, el actor Guillermo Toledo. “Estoy aquí por egoísmo. La lucha de Aminetu es la lucha de los derechos de los ciudadanos frente a la fuerza de los estados. Y, por tanto, también es mi lucha. Si ella fracasa, yo fracaso; y si gana, yo también gano”. Yo también lo creo, pienso que aquí lo que nos estamos jugando todos es nuestra propia libertad.
Primer error. El Gobierno marroquí retira el pasaporte y expulsa ilegalmente a Aminetu Haidar del Sahara porque ella denuncia cómo se están violando sistemáticamente los derechos humanos en su tierra. Y el Ejecutivo de España, sabiendo que esta expulsión era contraria a derecho, lo acepta y permite que ella traspase los controles y llegue a Lanzarote. No puede alegar desconocimiento. España lo sabía.
Segundo error. Ya en España, no se autoriza a Haidar a volver a su tierra asegurando que es legalmente imposible porque carece de pasaporte. Sin embargo, días después, el mismo Gobierno esgrime una resolución policial extraordinaria por la que sí se permite salir del país a la activista. ¿En qué quedamos? ¿Puede o no puede cruzar la frontera? ¿Antes era imposible y ahora, de repente, es legal?
Tercer error. España pone en marcha a su diplomacia para intentar convencer a Marruecos de que devuelva el pasaporte a Haidar. Estas gestiones no sólo fracasan con estrépito y dejan en evidencia la debilidad española a la hora de reponer la legalidad quebrada y el cumplimiento de los Derechos Humanos, sino que hacen fuerte a Marruecos, que se atreve a chantajear con rebajar la vigilancia de la inmigración, el terrorismo y el tráfico de drogas.
Cuarto error. Ante el fracaso de las gestiones diplomáticas, España monta una operación a espaldas de las autoridades marroquíes y de la propia Aminetu para intentar colarle a la activista a Rabat por sorpresa. Piden permiso para sobrevolar y aterrizar, pero no esperan a obtener el sí político, aún a sabiendas de que Marruecos no iba a permitirlo. El show es de tal calibre que el desviado especial de Moratinos para esta crisis, Agustín Santos, llega a pedir al piloto que despegue de Lanzarote sabiendo que le habían retirado el permiso para tomar tierra en El Aaiún. Vamos, aterriza como puedas, versión cutre. “Ya lo arreglaremos en el aire”, dijo Santos. Cuando la operación se aborta, la estratagema española queda al descubierto.
Quinto error. En lugar de centrarse en devolver a Haidar a su casa haciendo las presiones al nivel que corresponda, el Gobierno español camia de estrategia y pretende quebrar la voluntad de Haidar y hacer fracasar su huelga de hambre alimentándola a la fuerza. Para ello, la delegada del Gobierno en Canarias pone una denuncia y moviliza a un juez que, con una notable falta de tacto y acompañado de dos policías y varios funcionarios, irrumpe en el cuarto de Haidar. Tras salir a empujones, intentan arrebatar la cinta a un cámara por grabar en la calle. Muy democrático todo.
Sexto error. La estrategia del Gobierno también pretende aislar a Haidar de su entorno, al que responsabiliza de empujar a la activista hacia la muerte. Quienes defienden esta tesis, y se la he oído a mucha gente, lo hacen porque no conocen a Aminetu, no la han visto decir que está dispuesta a morir, no la han visto caminar por las calles de El Aaiún cercada de policías y haciendo la señal de la victoria, no saben de quién están hablando, no tienen ni idea de su voluntad firme y de su coraje. Podría entender que dijeran que Aminetu maneja a su entorno, pero nunca, jamás, que ella esté siendo manejada.
Séptimo error. El presidente Rodríguez Zapatero ha admitido públicamente que los intereses generales priman por encima de la vida de Aminetu Haidar. Da igual la forma en que lo hiciera, eso es lo que quiso decir. Es decir, la razón de Estado frente a los derechos de las personas, que pueden ser avasalladas, expulsadas de su país e incluso amarradas a una cama de un hospital y entubadas en contra su voluntad. Muy ejemplarizante.
Tendrán que perdonarme, pero es posible que por las prisas de terminar este artículo me haya olvidado de algún error más cometido por este Gobierno de España que tanto alardea de defender a los débiles y bla, bla, bla, pero si quieren seguimos hablando la próxima semana.
De momento, termino contándoles que en los cinco días que he pasado en el aeropuerto de Lanzarote he escuchado dos frases que resumen, para mi gusto bastante bien, lo que está ocurriendo. La primera me la dijo un compañero periodista: “Se acaba el tiempo para Aminetu, ya sólo le queda su sufrimiento”. La otra, el actor Guillermo Toledo. “Estoy aquí por egoísmo. La lucha de Aminetu es la lucha de los derechos de los ciudadanos frente a la fuerza de los estados. Y, por tanto, también es mi lucha. Si ella fracasa, yo fracaso; y si gana, yo también gano”. Yo también lo creo, pienso que aquí lo que nos estamos jugando todos es nuestra propia libertad.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
EL MURO

La semana pasada estuve unos días en Bruselas y me tropecé, sin quererlo ni esperarlo, con el muro de Berlín. La cosa es que hace unos días se celebró el veinte aniversario de la caída de esa inmensa pared de bloques, piedra, hierros y hormigón que dividía en dos a la capital de Alemania. Y una parte de sus restos a modo de muestra fueron a parar a una plaza de Bruselas, muy cerquita del Parlamento Europeo.
Aproveché la ocasión y como buen turista, me hice las fotos de rigor haciendo el gamba junto a los graffitis que adornaban aquellos trozos de pared. Y seguí a lo mío. Sin embargo, ya de vuelta en casa y repasando las fotos, me dio por pensar la cantidad de gente que habría pasado durante años junto a aquellos pedazos de muro deseando cruzar al otro lado. O soñando con su caída.
Aquel era el símbolo de un mundo en extinción, pero, si lo pensamos bien, el mundo sigue lleno de muros. Los hay de todo tipo, color y condición. Desde la Muralla China, espectacular, pero un muro grande y viejo al fin y al cabo, hasta los muros pequeños que nos rodean en lo cotidiano. Por definición, están construidos para separar un espacio de otro, para contener, sujetar, aislar o mantener.
Aunque los pueblos de la antigüedad ya los usaron de manera extensa, con el tiempo fuimos perfeccionando su diseño. Ya no necesitábamos gruesas y densas paredes de piedra para separarnos los unos de los otros, fuimos aprendiendo a construir vallas a las que después incluso pusimos electricidad y concertinas en su extremo más alto para que fueran imposibles de saltar. Ahí están la frontera de México y Estados Unidos, Chipre o Ceuta y Melilla.
Seguimos recurriendo a los muros, claro está, y dividiendo a la gente en categorías. Nosotros ricos, ustedes pobres; aquí europeos, allí el resto del mundo; dentro derechos, fuera la ley del más fuerte; a un lado la civilización y al otro la barbarie. En Palestina lo volvimos a hacer y en el Sahara, muros por todas partes.
Pero el sabio ser humano no se iba a detener aquí. Todos estos ejemplos no son sino la muestra de los muros mentales que nos lastran y nos impiden ver el mundo tal cual es en su maravillosa y complementaria variedad, pero es que también hemos inventado una nueva categoría: los muros invisibles de papel.
La semana pasada en el Congreso de los Diputados, sus señorías diputados y diputadas, casi de puntillas y camuflados mediáticamente por el secuestro del Alakrana y otros asuntos, pusieron un nuevo bloque y elevaron un metro más ese muro de papel llamado Ley de Extranjería que rodea a nuestro país.
No me extenderé en los detalles restrictivos de esta reforma legal que restringe derechos a los otros, a los de fuera del muro, que de eso ya se ocupan otros mucho mejor que yo (ampliación a 60 días de la retención, trabas a la reagrupación familiar, etc.) Sólo quería dejar constancia de que hay paredes que no vemos que son a veces mucho peores que las que sí podemos ver. Y si tanto nos vanagloriamos de que otros hayan sido capaces de derribar el muro de Berlín, quizás deberíamos poner el mismo empeño en tirar abajo nuestros propios muros.
viernes, 27 de noviembre de 2009
LA DUDA DE HIPATIA
El otro día fui al cine a ver la película Ágora, con guión de Alejandro Aménabar y el teldense Mateo Gil. Pues bien, aunque la cinta me gustó más bien poco, la verdad, en medio de aquella escabechina de paganos hay una escena que me pareció magistral.
La astrónoma Hipatia, acusada de brujería por los cristianos por haberse atrevido a mirar a las estrellas y plantear teorías diferentes que atentaban contra la religión, se reúne con sus ex alumnos Orestes, prefecto de Alejandría, y Sinesio, obispo de Cirene. Tras una agria conversación, la filósofa mira a Sinesio y, resumiendo de manera espléndida el conflicto entre la ciencia y la fe, le dice “yo debo dudar, tú no puedes”. Sin embargo, al final (lo cuento porque es historia, no es que les quiera fastidiar la película), Hipatia muere ajusticiada y el Cristianismo se impone durante siglos.
La duda mueve el mundo, cambia las cosas de sitio, convierte en inquietos a los hombres. La duda, los replanteamientos de las cosas que nos vienen dadas, los cómos y los porqués hacen revoluciones, derrocan dictaduras y nos permiten avanzar. Esta es la esencia del ser humano, la curiosidad, no aceptar las cosas porque sí, escudriñar, preguntar, rebelarse contra lo establecido.
Vivimos en un mundo injusto, lleno de desigualdades. Permitimos que las dos terceras partes pasen hambre mientras nos arrepochinamos en nuestro sofá a ver las miserias ajenas por televisión, aprobamos leyes que condenan la solidaridad, nos cargamos el Planeta con nuestros coches y nuestros humos y derrochamos esfuerzos y dinero en cosas superfluas. Ablación, pobreza, masacres étnicas, luchas por el agua, por la tierra, por la comida. Millones de personas están condenadas a morir de enfermedades como la malaria, el SIDA o una simple diarrea, males que en Occidente ya no matan gracias a nuestra ciencia. Es, sencillamente, vergonzoso.
Pero el mundo no es así porque sí. Todo ese mal lo hacen personas como ustedes y como yo, la misma gente que se empeña en regir nuestros destinos desde las grandes empresas, los grandes bancos y los grandes gobiernos. Pues bien, eso se puede cambiar. Pongamos cada uno de nuestra parte, tenemos que indignarnos, revolvernos, sublevarnos, alzar la voz, protestar, plantarnos frente a los tanques, recuperar la calle, vivir, no como robots, sino como personas.
Nada es inmutable. Y el primer paso para cambiar, siempre, es la duda.
La astrónoma Hipatia, acusada de brujería por los cristianos por haberse atrevido a mirar a las estrellas y plantear teorías diferentes que atentaban contra la religión, se reúne con sus ex alumnos Orestes, prefecto de Alejandría, y Sinesio, obispo de Cirene. Tras una agria conversación, la filósofa mira a Sinesio y, resumiendo de manera espléndida el conflicto entre la ciencia y la fe, le dice “yo debo dudar, tú no puedes”. Sin embargo, al final (lo cuento porque es historia, no es que les quiera fastidiar la película), Hipatia muere ajusticiada y el Cristianismo se impone durante siglos.
La duda mueve el mundo, cambia las cosas de sitio, convierte en inquietos a los hombres. La duda, los replanteamientos de las cosas que nos vienen dadas, los cómos y los porqués hacen revoluciones, derrocan dictaduras y nos permiten avanzar. Esta es la esencia del ser humano, la curiosidad, no aceptar las cosas porque sí, escudriñar, preguntar, rebelarse contra lo establecido.
Vivimos en un mundo injusto, lleno de desigualdades. Permitimos que las dos terceras partes pasen hambre mientras nos arrepochinamos en nuestro sofá a ver las miserias ajenas por televisión, aprobamos leyes que condenan la solidaridad, nos cargamos el Planeta con nuestros coches y nuestros humos y derrochamos esfuerzos y dinero en cosas superfluas. Ablación, pobreza, masacres étnicas, luchas por el agua, por la tierra, por la comida. Millones de personas están condenadas a morir de enfermedades como la malaria, el SIDA o una simple diarrea, males que en Occidente ya no matan gracias a nuestra ciencia. Es, sencillamente, vergonzoso.
Pero el mundo no es así porque sí. Todo ese mal lo hacen personas como ustedes y como yo, la misma gente que se empeña en regir nuestros destinos desde las grandes empresas, los grandes bancos y los grandes gobiernos. Pues bien, eso se puede cambiar. Pongamos cada uno de nuestra parte, tenemos que indignarnos, revolvernos, sublevarnos, alzar la voz, protestar, plantarnos frente a los tanques, recuperar la calle, vivir, no como robots, sino como personas.
Nada es inmutable. Y el primer paso para cambiar, siempre, es la duda.
sábado, 21 de noviembre de 2009
NACE LA FEDERACIÓN DE AFRICANOS EN CANARIAS
El presidente de la Federación de Asociaciones de Africanos en Canarias (FAAC), Theodore Blaise, afirmó que el de hoy será recordado como un día “histórico” para las asociaciones de africanos en Canarias, puesto que se hace oficial su unión para alcanzar “una voz unitaria” que permita fomentar la mayor integración de los casi 30.000 africanos residentes en las Islas y a la vez contribuir al conocimiento mutuo de las culturas africanas y canaria.
Blaise hizo estas afirmaciones durante el acto de la presentación de la FAAC en la sede de Casa África, en Las Palmas de Gran Canaria, donde explicó que la Federación integra ya a más de 20 asociaciones y ultima la incorporación de 20 más de las islas de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura. La Federación quiere realizar una intensa actividad en todos los campos, desde la asistencia jurídica a la puesta en marcha de jornadas, seminarios, conferencias, clases de español, danzas tradicionales, torneos deportivos y encuentros musicales. Blaise recalcó incluso que las asociaciones de africanos en Canarias quieren trabajar en proyectos de cooperación al desarrollo con África, ya que “los que un día nos fuimos debemos ser los pioneros del desarrollo del continente”.
Junto a Blaise estuvieron en la presentación el director general de Casa África, Ricardo Martínez Vázquez, y Manuel Romero, de la Consejería de Solidaridad del Cabildo de Gran Canaria. Por parte de Casa África, Ricardo Martínez dejó claro el apoyo del consorcio público a la Federación, puesto que “sólo a través de los africanos” esta institución puede conseguir su objetivo de que África y España “se conozcan, comprendan y compartan más y mejor”.
Por parte del Cabildo de Gran Canaria, Manuel Romero dio la bienvenida a la asociación, a la que han facilitado el local en el que a partir de ahora desarrollarán sus actividades, ubicado en la Avenida de Canarias, 256, en Las Palmas de Gran Canaria.
En el acto de presentación de la Asociación, al que acudieron más de 150 personas, tuvo lugar una conferencia por parte de Agostinho Inacio Da Silveira Rita, en la que disertó frente al centenar de asistentes al acto, varios de ellos representantes de asociaciones de las islas de Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura, sobre la situación económica actual de África y las perspectivas de inserción de los emigrantes que retornan.
Más tarde, a las 13.00 horas, la FAAC procedió a la inauguración de su local, y culminará la jornada a las 20.00 horas con un encuentro cultural y gastronómico en el Edificio Miller del Parque Santa Catalina, que incluye la degustación de comida africana y las actuaciones musicales de Dulumba, John Nyaband y grupos musicales de Sierra Leona, Marruecos, Mauritania, Uruguay, Macondo y la Parranda de Guanarteme. La jornada contó con representantes de asociaciones provenientes de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura.
martes, 17 de noviembre de 2009
AMINATOU EN EL CALLEJÓN DEL GATO

La realidad vista a través de espejos deformantes, cóncavos y convexos, como en el famoso Callejón del Gato madrileño. Sólo así se puede entender lo que está pasando con Aminatou Haidar estos días en Lanzarote. Sólo desde una óptica distorsionada y esperpéntica se pueden asimilar algunas reacciones y algunos acontecimientos vividos en los últimos días.
Primera deformación. Aminatou no ha sido expulsada del Sahara Occidental por un papel o por una infracción administrativa en el aeropuerto de El Aaiún. Ha sido expulsada porque es una voz que se alza para denunciar la enorme injusticia que sufre su pueblo, el sufrimiento de miles de personas que viven bajo la opresión y la falta de libertades del régimen marroquí, de un Estado que utiliza toda su maquinaria violenta y represiva para aplastar a los saharauis, vulnerando de manera palmaria sus derechos.
Sin embargo, pese a esta evidencia, y entramos en la segunda mirada distorsionada sobre este tema, el ministro de Exteriores español pide calma a Aminatou, que modere sus declaraciones. Alucinante. España ha sido, en este caso también, el palanganero de Marruecos. No sólo le impide regresar a su tierra, sino que avala la propia expulsión de la activista. Y para más recochineo, Moratinos se permite el lujo de dar lecciones. La verdad, este señor tendría que hacérselo mirar.
Tercer espejo cóncavo. El venerable dirigente socialista Jerónimo Saavedra pide a Aminatou que respete la legalidad. Si no fuera porque le tengo cierto aprecio a Saavedra le pediría que dejara todo ese cinismo para las cosas internas de su partido, que falta le hará. Pero vamos a ver, ¿quién ha vulnerado la legalidad en el Sahara? ¿Los saharauis? ¿O Marruecos, tal y como reconocen una y otra vez todas las resoluciones de Naciones Unidas, todos los informes, toda la jurisprudencia y todo el sentido común?
Y ya por último, la traca final, de momento. Aena denuncia a Aminatou por alterar el orden público. Tras haber sido puesta de patitas en la calle de su propia tierra por el único delito de tener el coraje de denunciar ante al mundo la constante burla de Marruecos a la legalidad internacional y a los Derechos Humanos, luego es expulsada con violencia de un aeropuerto español. El mundo al revés. La víctima, convertida en verdugo.
Aminatou Haidar es un ejemplo de coraje. Su lucha es la de los derechos contra la barbarie, la de miles de personas desarmadas contra un Estado que usa la fuerza para aplastarles. Tiene la razón de su lado. Con su gesto y con su huelga de hambre en suelo español está recordando al mundo que España tiene una responsabilidad sobre lo que está sucediendo, una responsabilidad que no es pequeña. Haidar está conseguiendo volver a situar en el centro de la política nacional un asunto, la descolonización del Sahara y la constante violación de los Derechos Humanos, que nunca debió haber salido de allí. Sólo espero que no muera en el intento.
Lo dicho, a veces parece que nos olvidamos de lo importante y nos quedamos con lo banal. Al fin y al cabo, ya lo decía el poeta ciego Máximo Estrella en la obra Luces de Bohemia, del maestro Valle-Inclán. “España es una deformación grotesca de la civilización europea”.
martes, 10 de noviembre de 2009
EL ARTE DE CRUZAR LAS FRONTERAS

En los últimos días he hablado mucho de periodismo con buenos amigos. Durante amenos y largos ratos, compañeros de profesión y gente simplemente interesada en este mundillo nos hemos afanado en expresar nuestras opiniones acerca del futuro de este oficio, que si la crisis del papel está golpeando con fuerza, que si los medios digitales tampoco acaban de arrancar, que si calidad frente a amarillismo, que si inmediatez, que si reflexión.
Desde luego, no estamos en el mejor momento. La crisis económica también está dando duro, y de qué manera, a los medios de comunicación. Decenas de colegas se agarran a la silla a esperar que escampe porque es muy fácil, en los tiempos que corren, quedarte en la calle y sin llavín. Pero para las empresas la situación no es mejor. La publicidad se ha desplomado y las ventas no dejan de caer. Ya casi no es noticia el cierre de algún periódico y los que quedan en pie recortan el tamaño de sus páginas, despiden trabajadores, se aprietan el cinturón.
En este contexto, no es extraño ver cómo cabeceras que antes se mostraban críticas y combativas con la corrupción y el despilfarro, ahora agachan la testuz y se pliegan a los intereses de gobiernos y partidos a cambio de unas migajas; radios que se habían convertido en un espacio de libertad se dedican en la actualidad a cantar las alabanzas de los viejos enemigos; medios, en fin, donde lo importante era la verdad y ahora su único empeño es ocultarla o disfrazarla para no disgustar a quienes les sustentan con dinero público, vía contratos o anuncios. Y las pocas voces críticas son ninguneadas y apartadas, asfixiadas económicamente, cuando no vapuleadas en la plaza pública, a la vista de todos.
Y en medio de tanta loa y tanta alabanza, de tanto miedo a la verdad, los medios se vuelven mustios y asustadizos, como si no supieran por dónde tirar, desconectados cada vez más de la gente a la que quieren dirigirse. Y los periodistas nos pasamos todo el tiempo colgados del teléfono o metidos en la redacción, como si fuéramos funcionarios. Nunca una buena historia, y eso creo que debemos ser, contadores de historias, se escribió sin revolcarte en ella, sin meter la cabeza, las piernas, los brazos y todo el cuerpo en el barro del que está hecha. Nunca se pudo contar nada en condiciones sentado en una silla de un despacho. La vida, la de verdad, no transita por los tubos del aire acondicionado.
Por todo eso, precisamente en momentos como éste, es cuando vuelvo a gente como Ryszard Kapuscinski. El periodista polaco, autor de obras como Ébano, El Emperador o El imperio, entre otras muchas, maestro de periodistas y uno de los mejores reporteros del siglo XX, también dedicó una parte de su vida a reflexionar sobre su profesión y algunas de sus ideas las plasmó en el libro Los cínicos no sirven para este oficio. Y hoy quería quedarme con una de sus frases maravillosas.
“Toda la vida es cruzar permanentemente las fronteras, no solo las fronteras geográficas sino también de idiomas, creencias, entendimiento, psicológicas. La vida humana es vida dentro de una red de diferentes tipos de fronteras. Y el deber del periodista es tratar de infiltrarse, de meterse adentro, es parte de nuestro trabajo. Siempre creí que los reporteros somos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede. Quizá por eso los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto, son ahora más aburridos y están perdiendo ventas en todo el mundo”.
Creo que en eso estaba en lo cierto, los periodistas cada vez cruzamos menos fronteras.
martes, 3 de noviembre de 2009
MEJOR CALLADOS
No me puedo ni imaginar en toda su dimensión el dolor por el que pueden estar pasando en este momento las familias de Sara Morales y Yeremi Vargas, de manera muy especial sus madres. Tener un hijo pequeño desaparecido desde hace tanto tiempo y desconocerlo todo acerca de su situación tiene que ser desgarrador, algo que, por muchos esfuerzos que hagamos, no podremos nunca entender a menos que pasemos, directamente, por un trance igual.
Por eso ver llegar este tema al mercadillo de saldos y retazos en que se ha convertido la política canaria resulta tan repugnante. Que sus señorías se hayan atrevido a crear una comisión de investigación que poco o nada puede aportar a la resolución de este asunto, que tendrá que resolverse con el sigilo y la prudencia necesarios por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, ya era de por sí alarmante.
En su momento, ya parecía una infamia. Pero es que los primeros pasos de esta comisión están confirmando los peores augurios. El diputado Figuereo, presidente de este engendro parlamentario, salió el otro día a los medios de comunicación para asegurar que había otro niño desaparecido en Canarias sin tener el más mínimo sustento, generando aún más alarma de la que ya existe. Y ahora comparece un presunto experto europeo para decir que el Archipiélago es el paraíso de las sectas satánicas y pedófilas. ¿Es esto cierto? De serlo, ¿qué se está haciendo para evitarlo?
Es posible que en los próximos días el experto se desmienta, porque Figuereo rectificó luego y dijo que había sido un “error involuntario”. Lo que parece más bien un error es la propia creación de esta comisión, que nace envuelta en el tufillo de generar el estado de opinión propicio para la demanda de más seguridad y esto, traducido al lenguaje de quienes nos gobiernan, no es sino el paso previo y necesario para seguir reclamando una policía autonómica, vieja aspiración de los nacionalistas. Dicho de otra forma, la utilización del dolor y el miedo con fines partidistas. Aunque ellos jamás lo reconozcan.
Son muchas las dudas, pero de lo único que estoy seguro es que todo este revuelo no está haciendo ningún bien a las familias de Sara y Yéremi y que todo esto en nada contribuye a la investigación. El Parlamento debería ser un lugar para generar debates constructivos, donde se pudiera hablar de todo, cierto es. Pero esta instrumentalización de un asunto tan delicado debería ser meditada a fondo. En este caso y si los diputados canarios que respaldan esta comisión quisieran hacer un ejercicio de responsabilidad, quizás lo que deberían practicar es el sabio arte de no perturbar el silencio.
Por eso ver llegar este tema al mercadillo de saldos y retazos en que se ha convertido la política canaria resulta tan repugnante. Que sus señorías se hayan atrevido a crear una comisión de investigación que poco o nada puede aportar a la resolución de este asunto, que tendrá que resolverse con el sigilo y la prudencia necesarios por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, ya era de por sí alarmante.
En su momento, ya parecía una infamia. Pero es que los primeros pasos de esta comisión están confirmando los peores augurios. El diputado Figuereo, presidente de este engendro parlamentario, salió el otro día a los medios de comunicación para asegurar que había otro niño desaparecido en Canarias sin tener el más mínimo sustento, generando aún más alarma de la que ya existe. Y ahora comparece un presunto experto europeo para decir que el Archipiélago es el paraíso de las sectas satánicas y pedófilas. ¿Es esto cierto? De serlo, ¿qué se está haciendo para evitarlo?
Es posible que en los próximos días el experto se desmienta, porque Figuereo rectificó luego y dijo que había sido un “error involuntario”. Lo que parece más bien un error es la propia creación de esta comisión, que nace envuelta en el tufillo de generar el estado de opinión propicio para la demanda de más seguridad y esto, traducido al lenguaje de quienes nos gobiernan, no es sino el paso previo y necesario para seguir reclamando una policía autonómica, vieja aspiración de los nacionalistas. Dicho de otra forma, la utilización del dolor y el miedo con fines partidistas. Aunque ellos jamás lo reconozcan.
Son muchas las dudas, pero de lo único que estoy seguro es que todo este revuelo no está haciendo ningún bien a las familias de Sara y Yéremi y que todo esto en nada contribuye a la investigación. El Parlamento debería ser un lugar para generar debates constructivos, donde se pudiera hablar de todo, cierto es. Pero esta instrumentalización de un asunto tan delicado debería ser meditada a fondo. En este caso y si los diputados canarios que respaldan esta comisión quisieran hacer un ejercicio de responsabilidad, quizás lo que deberían practicar es el sabio arte de no perturbar el silencio.
martes, 27 de octubre de 2009
EL NIÑO PIRATA

En la foto, un pirata somali.
Seguro que saben de quién les hablo. Se llama Abdou Willy. Abandonó la invisibilidad de su vida gris y aterrizó de bruces en las portadas de todos los periódicos cuando, junto a otros como él, secuestró un atunero español, el Alakrana, en aguas del Océano Índico. Pero Abdou tuvo la mala suerte de ser detenido por la tripulación de la fragata Canarias cuando abandonaba el barco. Entonces fue cuando lo trajeron a España y cuando dio comienzo el esperpéntico culebrón judicial para determinar su edad que lo ha hecho mundialmente famoso.
Ya en Madrid, Abdou Willy fue examinado por tres forenses y le han hecho radiografías de la muñeca, la clavícula y de los dientes. Sin embargo, ni los médicos ni los jueces han podido concluir su edad, que debe oscilar en torno a los 18 años y, por tanto, no han podido determinar si efectivamente es mayor de edad y, por tanto, debe ir a la cárcel, o si tiene menos y su destino tiene que ser un centro de menores.
Pero más allá de los rocambolescos vericuetos judiciales por los que transcurre y seguirá transcurriendo esta historia, el secuestro del Alakrana nos tiene que hacer mirar, forzosamente, hacia Somalia, con el legítimo ánimo de saber un poco más. Y para ello acudimos a una de las voces más autorizadas sobre el tema, Jeffrey Gettleman, periodista estadounidense y corresponsal de The New York Times para África oriental desde el año 2006. Veamos qué dice en uno de sus más famosos artículos.
“Más allá del Aeropuerto”, habla de Mogadiscio, capital del país, “se encuentra uno de los monumentos al conflicto más asombrosos del mundo: kilómetro tras kilómetro de edificios derruidos e incendiados. La arquitectura de estilo italiano de la capital, en otro tiempo una joya, ha quedado reducida a un montón de ladrillos despedazados por las ametralladoras. Somalia vive desgarrada por la violencia desde que el Gobierno central se vino abajo, en 1991. Dieciocho años después y tras 14 intentos fracasados de formar gabinete, las matanzas continúan: atentados suicidas, bombas de fósforo blanco, decapitaciones, lapidaciones, grupos de adolescentes atiborrados de una droga local llamada khat que disparan unos contra otros y a todo lo que pille en medio... Incluso, de vez en cuando, misiles de crucero norteamericanos que caen del cielo”.
En este contexto de caos, en el país más peligroso del mundo, como dijo el propio Getleman, fue donde el niño pirata dio sus primeros pasos. Nacido en una aldea del sur del país, nunca tuvo la oportunidad de ir a la escuela y se tuvo que poner a trabajar desde muy pequeño. En medio de una inmensa miseria, se convirtió en un niño de la calle. En 1999, como su familia no tenía dinero para pagar a los señores de la guerra que controlaban el río cercano y no les permitían utilizar el agua, tuvo que emigrar a un campamento de refugiados de la capital.
Sus padres se separaron y el joven Abdou fue, junto con su madre, a vivir a casa de otro hombre que lo maltrataba. Con el tiempo, el niño fue creciendo y se convirtió en un muchacho fuerte y corpulento hasta que, en busca de dinero fácil, se juntó con aquellos que podían conseguirlo. Esta es, muy a grandes rasgos, la historia de Abdou Willy, el niño pirata. Lo que ha hecho es injustificable y tendrá que pagar por ello, pero ya está bien de ñoñerías. Ahora ya podemos seguir condenándolo desde la comodidad de nuestros mullidos sofás.
martes, 20 de octubre de 2009
ALGO SE MUEVE EN LOS INVERNADEROS

“La mayoría somos africanos y vivimos entre invernaderos. Estamos aquí y queremos hacernos ver, porque lo que no se ve no existe. Que descubrais que sentimos y pensamos, como vosotros. Durante años, muchos de nosotros hemos tenido el estigma de ilegales, de “sin papeles”, … sin papeles no eres nadie.
A pesar de todo, nos unimos para intentar cambiar las cosas. Estamos aquí, olvidados, y hemos decidido ayudarnos entre nosotros, apoyarnos y enseñarnos nuestros propios conocimientos y crear espacios donde aprender nuevas cosas que sirvan para nuestro futuro.
Tenemos muchos proyectos, muchos sueños que parecen irrealizables, pero nuestro primer paso es hacernos ver, que sepais que existimos, que estamos aquí en una situación dificil y que llevamos ya bastantes años. Que participeis junto a nosotros en conseguir un mañana más justo”.
Asi, con estas palabras, comienza la historia de Terralgan, una asociación que ha surgido desde los invernaderos de Almeria y que reune ya a mas de doscientos inmigrantes en su particular lucha contra la invisibilidad. Su unico afan es protegerse, darse animos, no sentirse solos.
Cada dia se levantan, salen a las carreteras que atraviesan como heridas el blanquisimo mar de plastico y se apostan en cualquier esquina a esperar que pase la furgoneta salvadora y alguien les contrate por horas para recoger calabacines, montar estructuras o reparar alguna tubería estropeada. Asi pasan los dias para los jóvenes de Terralgan, solo unos pocos cientos de los miles, de los cientos de miles, que malviven en las zonas grises de nuestro mundo.
Y, sin embargo, que paradoja, ellos son el futuro porque son el presente, ellos son quienes hacen posible el milagro, quienes trabajan en la sombra para que nada se desmorone sobre nuestras cabezas. Asi es el mundo en que vivimos, hecho de luces y sombras. La magia solo consiste en mover el foco de vez en cuando y asi podremos ver cosas maravillosas. Como la gente de Terralgan, que desde los invernaderos del Poniente almeriense nos mandan un breve mensaje, tipo SMS, con las palabras “Aquí estamos”. Ahora toca no olvidarlos.
http://terralgan.wordpress.com/asociacion/
martes, 13 de octubre de 2009
MARRUECOS NO QUIERE TESTIGOS

Foto: Brahim Dahane, en una imagen reciente.
Conoci a Brahim Dahane en El Aaiún en mayo de 2005. Por aquel entonces, el acababa de crear una asociación para la defensa de los Derechos Humanos en el antiguo Sahara Occidental. En aquellos dias, todas las ciudades ocupadas de la ex colonia española eran un hervidero de manifestaciones protagonizadas por jóvenes que pedian a gritos la independencia de Marruecos, todo ello reprimido con salvaje brutalidad. Y Dahane queria dejar testimonio de todo aquello.
El ya habia conocido las carceles marroquíes. En los años 80, permanecio cuatro años entre rejas por tomar parte en actos de protesta por la ocupación del territorio. Nunca se celebro un juicio con las minimas garantias, ni Marruecos siquiera acepto que estaba en sus centros secretos de detencion y tortura. Oficialmente, estuvo cuatro años desaparecido hasta que, un buen dia, fue liberado.
En octubre de 2005, Dahane volvio a ser conducido a prision bajo la acusacion de haber creado una asociación ilegal hasta que seis meses despues volvio a salir a la calle. Y siguió adelante con su labor de denuncia porque ya tiene poco que temer. Hace pocas semanas volvi a verle en El Aaiún y no se habia movido ni un milimetro de sus posiciones.
El pasado 8 de octubre, junto a otros seis activistas entre los que se encuentra Ali Salem Tamek, encarcelado por Marruecos hasta en cinco ocasiones, Dahane regresaba al Sahara ocupado tras haber visitado a sus hermanos saharauis exiliados en los campamentos de refugiados de Tinduf. Sin embargo, nada mas aterrizar en Casablanca, su ultima llamada telefonica a una compañera de la asociación no hacia presagiar nada bueno. “Estamos en la pista rodeados de coches de policia”, dijo Brahim. Desde entonces, se desconoce su paradero.
Ya en los dias previos, buena parte de los partidos politicos y de la prensa marroquí se habian dedicado a calentar el ambiente en contra de Tamek, Dahane y sus compañeros. Durante tres largos dias, la detencion ni siquiera fue comunicada a sus familiares y amigos y solo pasadas 72 horas se informo de ella, aunque los activistas se encuentran aun en lugar desconocido. Y el asunto parece serio, pues se les acusa de traicion a la patria, separatismo y conspiración contra la integridad territorial, lo que podria acarrearles una larga condena. Pero estas detenciones no traeran sino mas sufrimiento.
Dahane, igual que Tamek, Aminatou, Hmad, Daddach o tantos otros activistas, son los ojos que tiene el mundo para saber lo que esta pasando en El Aaiún, en Smara, en Dajla, en Bojador. Gracias en buena medida a su trabajo y su compromiso, el mundo ha podido saber que en la ex colonia española, las fuerzas del orden marroquíes violan, torturan, golpean y amenazan a todo el que muestre la mas minima simpatia por la causa saharaui.
No son terroristas, ni gente violenta. Les gusta la palabra, la discusión y aman, por encima de todo, a su pueblo. No son perfectos y a veces se equivocan, pero tampoco quieren ser martires. Han sacrificado buena parte de su vida por una causa que creen justa. Y eso les ha llevado a sufrir en sus propias carnes dolor, miedo, angustia y toda suerte de padeceres. Son, como dije antes, la voz que se eleva para denunciar la injusticia. El problema es que Marruecos no quiere ni ojos, ni voces, ni testigos y si que el Sahara siga siendo, como hasta ahora, el reino de la impunidad ante el tembloroso y patetico desprecio por los derechos de la gente que late en la comunidad internacional. Al menos, en lo que al Sahara respecta.
PD: Para los puristas, perdonen por la falta de acentos. Han organizado una revuelta en mi ordenador y no quieren trabajar. Si alguien sabe por que (con acento) pasan estas cosas, que me diga. Debe ser la astenia otoñal.
martes, 6 de octubre de 2009
TÚ TIENES EL RELOJ, PERO YO TENGO EL TIEMPO

El martes pasado a las siete de la mañana, mi madre respiraba por última vez en la cama de un hospital. Junto a mis hermanos y mi padre, pasé sus últimos días acompañándola en el siempre difícil tránsito a ese otro lugar. Por ella, que me enseñó el valor de una historia bien contada y me transmitió la curiosidad y el ansia de descubrir, es que sigo adelante. Por ella y por mí también y por todos los amigos que están en el camino y por todos los invisibles, regreso también a este blog, que tenía un poco olvidado últimamente, algo que ustedes sabrán comprender. La historia de hoy se la dedico a ella, esté donde esté:
Tiene unos 34 años, pero su edad exacta solo la conocen el viento y las estrellas. Nació en algún lugar del desierto al norte de Malí, aunque para él las fronteras son una gran mentira. Es el mayor de trece hermanos y cuando cayó en sus manos, por casualidad, un ejemplar de El Principito de Antoine de Saint Exupery quedó cautivado por sus dibujos y decidió que tenía que aprender a leer para comprender lo que allí estaba escrito. Movido por este afán, convenció a su padre y comenzó a ir al colegio, para lo que tenía que recorrer cada día unos 15 kilómetros caminando.
Sin embargo, como decía León el Africano, la vida es la más inesperada travesía, y aquellas primeras letras se convirtieron pronto en la puerta que le llevó, allá por 1999, hasta Francia. Allí, en la ciudad de Montpellier, logró plaza en la universidad y, tras culminar sus estudios de Gestión, ha entrado a formar parte del equipo directivo del centro. Moussa Ag Assarid, ese es su nombre, ha cambiado ahora los camellos y la arena de su desierto por el tren de alta velocidad y la telefonía móvil. Como buen nómada, siempre en movimiento, Assarid se balancea desde entonces entre dos mundos sobre una delgada línea.
Hace ya un par de años, nos ha hecho un hermoso regalo a todos, sus reflexiones en forma de libro. Publicado por la editorial Sirpus, se llama “En el desierto no hay atascos”. Bajo este título aparentemente banal, brillan como diamantes algunos pensamientos y experiencias que sólo se pueden entender teniendo en cuenta el origen tuareg de Assarid. Desde el hecho de que en la cama del hotel donde durmió nada más llegar a Francia podrían dormir todos los niños de su jaima, hasta el milagro del agua que mana de los grifos (“¡Todos los días de mi vida”, reflexiona el autor, “habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes que adornan vuestras ciudades, todavía me duelen”), pasando por el milagroso y eterno subir de las escaleras mecánicas, para Assarid lo cotidiano del mundo occidental es un verdadero descubrimiento.
Sin embargo, la parte magra de las reflexiones de este joven tuareg tienen que ver, más que con la materia, con todas esas cosas del alma que hemos perdido, quizás para siempre. Disfrutar de un amanecer, el placer de una conversación, el sonido del viento, caminar descalzo por la arena, el sabor de la leche de camella… No nos engañemos. La vida en el desierto no debe ser fácil ni es una bucólica estancia en el Paraíso, pero me parece a mí que la escasez y la austeridad han cultivado a Assarid y a todo su pueblo con unos valores a los que bien valdría la pena prestar un poco de atención. Como el de la solidaridad con los visitantes.
Sólo una frase de Moussa Ag Assarid, que resuena como un aviso maravilloso en medio de nuestro estrés diario y de nuestra disparatada y tecnológica vida, sólo por esa frase está justificadísimo el esfuerzo de escucharle y sobre todo de comprenderle. “Tú tienes el reloj, pero yo tengo el tiempo”.
jueves, 17 de septiembre de 2009
LOS INVISIBLES DE KOLDA, EN LAS PALMAS

Hace poco más de un año, Magec Montesdeoca y yo nos echamos la mochila al hombro y cogimos un avión rumbo a Senegal. En ese momento, preocupados por tonterías varias como que no se nos olvidara el repelente de mosquitos y la ropa ligera, no eramos del todo conscientes en la movida en la que nos estábamos adentrando. Sabíamos que en Kolda, región del sur de Senegal, cientos de familias habían perdido a uno de los suyos en un terrible naufragio, pero una cosa era saberlo y otra verlo.
Cuando llegamos allí, esta historia nos pegó una bofetada en plena cara. Los pequeños pueblos y aldeas que recorrimos estaban marcados para siempre por una tragedia sobre la que se pretendía echar un montón de tierra y enterrar para siempre. Sacamos la libreta y la cámara y empezamos a trabajar, en unos inolvidables diez días de agosto.
Entonces ni de lejos pensábamos que un año después habría un libro publicado sobre estos muertos invisibles y sus familias, no podíamos imaginar que en ese tiempo habríamos puesto negro sobre blanco el trágico suceso que desgarró a toda la región de Kolda en mayo de 2007 y sus tristes consecuencias. Fue un trabajo intenso que ahora, pasados trece meses, cobra un sentido. No hemos podido devolverles la vida a esos 160 jóvenes que murieron en el cayuco naufragado, pero sí que hemos puesto nuestro granito de arena para que no se les olvide.
El próximo miércoles 23 de septiembre a partir de las 20.00 horas, Magec y yo nos volvemos a juntar para recordar aquellos días y a aquella gente, para hablar de sus porqué y de sus cómo. En esta ocasión, lo haremos en Casa África con la presencia del buen amigo Ignacio Díaz de Aguilar y el acto servirá para presentar el libro a todos quienes quieran compartir ese ratito con nosotros. Será un placer verles por allí.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
NO LES VOY A HABLAR DE GUINEA ECUATORIAL

Obiang, haciendo amigos.
Tras varias semanas de silencio por vacaciones, aquí estamos de nuevo.
El bueno de Juan García Luján (Canariasahoraradio) ha vuelto a invitarme a que me suba a su Correíllo todos los miércoles. Y encantado acepto su propuesta. Pero para este año he decidido no tocar temas espinosos que puedan molestar a nadie, no sea cosa de que luego me fichen por ahí y no vuelva a trabajar en mi vida. Sólo temas amables, me digo todos los días, este año suavidad y mucho cariño.
Por eso he pensado que no les voy a hablar del señor ese que sale hoy en las fotos de los periódicos canarios con nuestro vicepresidente y consejero de Economía del Gobierno de Canarias, José Manuel Soria, y que se llama Teodoro Obiang. No, lo siento. No les voy a mencionar que llegó al poder y se mantiene en él gracias a una feroz represión de todo atisbo de oposición, represión que incluye las torturas y las desapariciones sistemáticas, así como la censura y el encarcelamiento de periodistas y otras lindezas más propias de una dictadura que de una democracia real.
No lo haré porque entonces estaré echando tierra sobre el tejado de mi propio Gobierno, que quiere mejorar sus relaciones con Guinea Ecuatorial, el país que preside el señor Obiang. Por eso tampoco les voy a comentar que en esa pequeña nación de África, ex colonia española, la gente debería tener la riqueza per cápita de Italia o España gracias a los ingresos derivados del petróleo que posee y, sin embargo, vive en una situación de pobreza peor que la de Afganistán o Chad. Y todo porque, en lugar de mejorar la vida de sus ciudadanos, Obiang y su gobierno utilizan los millones de euros anuales que ingresan para otros menesteres. Malversación económica, según asegura el último informe de Human Rights Watch.
Así que pasaré por alto el hecho de que el hijo mayor de Obiang se comprara en 2006 una propiedad en California valorada en 35 millones de dólares o que los 43 millones que Teodorín gastó en solo dos años, entre 2004 y 2006, superan el gasto anual en Educación del gobierno del que, por cierto, también forma parte.
Por todo ello, no voy a criticar que al señor Soria le parezca bien hacerse una foto con Obiang o que vaya para allá a facilitar los negocios de los empresarios canarios sin poner sobre la mesa el asunto de los Derechos Humanos. No puedo hacer leña de ese árbol porque, como les dije al principio de este comentario, este año me voy a dedicar a temas poco espinosos y neutros. Así que aplaudo su iniciativa, señor Soria, y cuando pase en Malabo o en Bata junto a las chabolas, las ratas y la miseria, o si, por casualidad, oye hablar de algún opositor muerto en alguna sucia cárcel, pues nada, hágase el longuis y siga haciéndole el caldo gordo a nuestro buen amigo, el de la foto, que al fin y al cabo los negocios son los negocios.
lunes, 27 de julio de 2009
CONTRA EL OLVIDO




Convocados por la asociación Raíz del Pueblo y la Coordinadora de Asociaciones Africanas, medio centenar de personas nos reunimos el pasado sábado por la mañana junto a la playa de La Señora, en Fuerteventura, para rendir homenaje a los más de 3.000 inmigrantes que han perdido la vida entre África y Canarias en los últimos diez años. Durante el acto, se procedió a la inauguración de una escultura en recuerdo del primer naufragio en aguas canarias, que tuvo lugar precisamente en esta playa, obra de los artistas majoreros Antonio Patallo, Juan Miguel Cubas y Edgardo Junco. La noche anterior tuvimos ocasión de presentar el libro Los Invisibles de Kolda en la sede de Raíz del Pueblo, en La Oliva. Gracias a todos los que asistieron a estos actos. No podemos ni debemos olvidar.
martes, 21 de julio de 2009
UN TRISTE ANIVERSARIO
La cita era el viernes por la noche al sur del muelle de El Aaiún. Allí, amparados por la oscuridad, diecinueve jóvenes saharauis procedentes de la ciudad de Guelmim se habían reunido para emprender juntos un viaje que les llevaría hasta Canarias. Abdoula era un experto marinero y, al fin y al cabo, decenas de chicos lo habían hecho antes que ellos desde que en 1994 la primera patera llegara hasta Salinas del Carmen. Así que, armados de valor y con sus escasas pertenencias, se subieron a la barquilla.
El viaje, siempre de noche, transcurrió sin problemas. Pasadas unas horas, las luces de la costa de Fuerteventura comenzaron a titilar a lo lejos. Allí estaban Gran Tarajal, el Faro de la Entallada y la muy luminosa Morro Jable, paraíso de los turistas. Con las primeras claridades del día, la barquilla enfilaba ya hacia el muelle. Sin embargo, el patrón quiso alejarse de lugares habitados y buscó la tranquilidad de las escarpadas costas al sur de Morro Jable.
En este punto, algo falló. Abdoula no vio unas rocas semisumergidas y chocó contra ellas, destrozando la barquilla. Y vino el desconcierto. Los diecinueve jóvenes y los dos patrones cayeron al agua y comenzaron a nadar hacia la playa. Sin embargo, nueve de ellos no llegaron nunca y la mar se encargó de ir escupiendo sus cuerpos por la playa de La Señora ese mismo día y los siguientes. Dos cadáveres no fueron recuperados jamás.
Todo sucedió el sábado 24 de julio de 1999 al sur de Fuerteventura. En los años siguientes, muchas pateras se estrellaron literalmente contra las rocas de esta isla y también de Lanzarote, sin que a nadie pareciera importarle. Luego, ya en 2005, aparecieron los cayucos y sólo en un año murieron casi mil chicos. Y llegaron 2006, 2007 y 2008. Y en estas hemos llegado hasta aquí. Hace apenas una semana, otros tres africanos sacrificaron sus vidas en una barcaza que llegó a El Hierro. ¿Quiénes eran? ¿Quién se acuerda ya de ellos, salvo unas madres y unos hermanos angustiados que ahora mismo estarán sufriendo allá, en África, porque no han tenido noticias de los suyos?
El próximo sábado por la mañana, justo una década después del primer naufragio de inmigrantes conocido en las costas canarias, distintos colectivos sociales de Fuerteventura han organizado un homenaje en la propia playa de La Señora en recuerdo de los más de 3.000 chicos que han perdido la vida entre África y Canarias a lo largo de esta década negra. Pero el problema de este aniversario es que, dentro de otros diez años, tendremos que volver a juntarnos en respetuoso silencio porque la riada de muertos habrá aumentado y en lugar de 3.000 serán muchos más.
Mientras no cambien las razones profundas que mueven a los jóvenes africanos a salir de sus países y desde Europa sigamos sin comprender que las vallas y la dureza de las leyes no van a impedirlo, sino todo lo contrario, que en realidad lo que hacen es seguir alimentando este genocidio estructural, mientras esto no cambie, repito, tendremos que seguir lamentando muertes inocentes. Y como me parece a mí que el grado de civilización de un pueblo debería medirse, no por su tecnología ni por sus hazañas culturales o científicas, sino más bien por la forma en que recibimos a los que llegan de fuera, por eso mientras sigan muriendo chicos en nuestras playas no se puede decir otra cosa sino que nuestro proyecto colectivo de convivencia es un fracaso. Aunque la mayoría prefieran mirar para otro lado.
El viaje, siempre de noche, transcurrió sin problemas. Pasadas unas horas, las luces de la costa de Fuerteventura comenzaron a titilar a lo lejos. Allí estaban Gran Tarajal, el Faro de la Entallada y la muy luminosa Morro Jable, paraíso de los turistas. Con las primeras claridades del día, la barquilla enfilaba ya hacia el muelle. Sin embargo, el patrón quiso alejarse de lugares habitados y buscó la tranquilidad de las escarpadas costas al sur de Morro Jable.
En este punto, algo falló. Abdoula no vio unas rocas semisumergidas y chocó contra ellas, destrozando la barquilla. Y vino el desconcierto. Los diecinueve jóvenes y los dos patrones cayeron al agua y comenzaron a nadar hacia la playa. Sin embargo, nueve de ellos no llegaron nunca y la mar se encargó de ir escupiendo sus cuerpos por la playa de La Señora ese mismo día y los siguientes. Dos cadáveres no fueron recuperados jamás.
Todo sucedió el sábado 24 de julio de 1999 al sur de Fuerteventura. En los años siguientes, muchas pateras se estrellaron literalmente contra las rocas de esta isla y también de Lanzarote, sin que a nadie pareciera importarle. Luego, ya en 2005, aparecieron los cayucos y sólo en un año murieron casi mil chicos. Y llegaron 2006, 2007 y 2008. Y en estas hemos llegado hasta aquí. Hace apenas una semana, otros tres africanos sacrificaron sus vidas en una barcaza que llegó a El Hierro. ¿Quiénes eran? ¿Quién se acuerda ya de ellos, salvo unas madres y unos hermanos angustiados que ahora mismo estarán sufriendo allá, en África, porque no han tenido noticias de los suyos?
El próximo sábado por la mañana, justo una década después del primer naufragio de inmigrantes conocido en las costas canarias, distintos colectivos sociales de Fuerteventura han organizado un homenaje en la propia playa de La Señora en recuerdo de los más de 3.000 chicos que han perdido la vida entre África y Canarias a lo largo de esta década negra. Pero el problema de este aniversario es que, dentro de otros diez años, tendremos que volver a juntarnos en respetuoso silencio porque la riada de muertos habrá aumentado y en lugar de 3.000 serán muchos más.
Mientras no cambien las razones profundas que mueven a los jóvenes africanos a salir de sus países y desde Europa sigamos sin comprender que las vallas y la dureza de las leyes no van a impedirlo, sino todo lo contrario, que en realidad lo que hacen es seguir alimentando este genocidio estructural, mientras esto no cambie, repito, tendremos que seguir lamentando muertes inocentes. Y como me parece a mí que el grado de civilización de un pueblo debería medirse, no por su tecnología ni por sus hazañas culturales o científicas, sino más bien por la forma en que recibimos a los que llegan de fuera, por eso mientras sigan muriendo chicos en nuestras playas no se puede decir otra cosa sino que nuestro proyecto colectivo de convivencia es un fracaso. Aunque la mayoría prefieran mirar para otro lado.
martes, 14 de julio de 2009
EL PP Y LA TETA
Me gustan las tetas. No es que sienta una especial devoción por ellas ni que se me aparezcan en sueños y esas cosas, pero admito que me gustan. Forman parte del cuerpo humano, esa fantástica maquinaria que nos lleva y nos soporta durante toda la vida, y merecen todo nuestro respeto. Hay tetas para todos los gustos, igual que ojos, brazos, penes y orejas, y todas son parte indisoluble de la persona que las porta.
Hace ya algunos años me aficioné a ir a la playa de Montaña Arena, paraíso de los nudistas. Admito que el primer día me puso algo incómodo eso de ponerme en bolas delante de todo el mundo, pero una vez hubieron desaparecido los bañadores y los meybas, los bikinis y los pareos, cuando todo quisque se mostró tal y como era sin parapetos ni telas donde ocultar su desnudez, pues resulta que empecé a congraciarme con el género humano, con su belleza, pero también con sus imperfecciones.
En bolas somos todos iguales. Piel y músculo, claros y oscuros, prominencias y hendiduras, pelos y calvas. No hay nada que esconder porque todo es compartido. Si te gusta mirar, mira. Si no, pues no mires. Y cada uno a su aire y aquí no pasa nada. Viejos y jóvenes, adultos y niños, era y es lo más natural del mundo y nunca se me ocurrió pensar que hacíamos nada indecente o incómodo para nadie.
Pues resulta que ahora el Partido Popular de Telde, la ciudad donde nací y donde vivo, acaba de plantear la posibilidad de que se prohíba a las mujeres enseñar las tetas en las playas. Dice su portavoz municipal que ésta es una ciudad conservadora y que hay gente que no le gusta verlas campando a sus anchas. La verdad es que todavía no he acertado a descifrar qué mal hace a nadie la visión de una teta, o incluso de dos, pero sí me parece que o bien esta gente está fuera de cobertura o la ideilla debe proceder de alguna mente muy enferma.
Cuando estoy por ahí fuera, me pasó hace apenas unos días, y digo que soy de Telde, mucha gente me dice “ah, sí, esa ciudad de Canarias donde hubo un famoso caso de corrupción por el cobro ilegal de comisiones”. Y yo voy y respondo “sí, esa misma” y cambio de tema porque la verdad es que paso de dedicar mi tiempo a hablar de chorizadas. Y ahora salen con esta chorrada. Debe ser que a esta gente del PP la única teta que le gusta es aquella de la que pueden mamar (con perdón). Sobre todo si la teta en cuestión es pública y da mucha, pero que mucha leche.
¡Que viva la teta!
Hace ya algunos años me aficioné a ir a la playa de Montaña Arena, paraíso de los nudistas. Admito que el primer día me puso algo incómodo eso de ponerme en bolas delante de todo el mundo, pero una vez hubieron desaparecido los bañadores y los meybas, los bikinis y los pareos, cuando todo quisque se mostró tal y como era sin parapetos ni telas donde ocultar su desnudez, pues resulta que empecé a congraciarme con el género humano, con su belleza, pero también con sus imperfecciones.
En bolas somos todos iguales. Piel y músculo, claros y oscuros, prominencias y hendiduras, pelos y calvas. No hay nada que esconder porque todo es compartido. Si te gusta mirar, mira. Si no, pues no mires. Y cada uno a su aire y aquí no pasa nada. Viejos y jóvenes, adultos y niños, era y es lo más natural del mundo y nunca se me ocurrió pensar que hacíamos nada indecente o incómodo para nadie.
Pues resulta que ahora el Partido Popular de Telde, la ciudad donde nací y donde vivo, acaba de plantear la posibilidad de que se prohíba a las mujeres enseñar las tetas en las playas. Dice su portavoz municipal que ésta es una ciudad conservadora y que hay gente que no le gusta verlas campando a sus anchas. La verdad es que todavía no he acertado a descifrar qué mal hace a nadie la visión de una teta, o incluso de dos, pero sí me parece que o bien esta gente está fuera de cobertura o la ideilla debe proceder de alguna mente muy enferma.
Cuando estoy por ahí fuera, me pasó hace apenas unos días, y digo que soy de Telde, mucha gente me dice “ah, sí, esa ciudad de Canarias donde hubo un famoso caso de corrupción por el cobro ilegal de comisiones”. Y yo voy y respondo “sí, esa misma” y cambio de tema porque la verdad es que paso de dedicar mi tiempo a hablar de chorizadas. Y ahora salen con esta chorrada. Debe ser que a esta gente del PP la única teta que le gusta es aquella de la que pueden mamar (con perdón). Sobre todo si la teta en cuestión es pública y da mucha, pero que mucha leche.
¡Que viva la teta!
domingo, 12 de julio de 2009
GRACIAS A TODOS




El pasado martes presentamos en Madrid el libro Los Invisibles de Kolda. La valentía de Ediciones Península, que hizo posible este sueño, y la hospitalidad de Javier Baeza y la gente de Entrevías permitieron que, por unos instantes, el recuerdo de los inmigrantes muertos intentando alcanzar Europa se materializara en una pequeña iglesia de barrio de Madrid. A partir de ahora, como dijo una mujer que estaba entre el público, las 160 almas de los jóvenes de Kolda, en el caso de que exista algo parecido, tendrán un hogar donde descansar. Sólo por eso, ha valido la pena este viaje. Gracias a todos los que estuvieron allí y gracias a quienes, desde lejos, me mandaron su apoyo y su calor.
Para quienes no pudieron estar, cuelgo un par de fotos, el reportaje publicado en El Mundo y la entrevista de Angels Barceló en la Cadena Ser.
Desde luego, hay muertos que alumbran los caminos.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/07/espana/1246991960.html
http://www.cadenaser.com/sociedad/audios/muertos-invisibles-kolda/csrcsrpor/20090706csrcsrsoc_3/Aes/
jueves, 25 de junio de 2009
PRESENTACIÓN DE LOS INVISIBLES DE KOLDA

El próximo martes 7 de julio a las 20.00 horas, presento mi segundo libro en Madrid. Se llama Los Invisibles de Kolda (http://www.edicionespeninsula.com/es/llibre/los-invisibles-de-kolda_11090.html) y pretende ser un humilde homenaje a los miles de inmigrantes que han fallecido entre África y Canarias en los últimos diez años, exactamente desde que el 24 de julio de 1999 naufragara la primera patera junto a las Islas.
El verano pasado, Magec Montesdeoca y yo nos fuimos a Senegal a investigar la peor tragedia de la inmigración clandestina hacia España, el naufragio de un cayuco con 160 personas a bordo, que pasó casi desapercibida para la opinión pública española y que los propios gobiernos insistían en negar. Todos los chicos murieron en el mar y todos ellos procedían de la misma región, Kolda, en el sur de Senegal.
El libro es una reconstrucción de aquellos hechos gracias a los testimonios de familiares y amigos, tanto en África como en España, pero también se recogen otras historias olvidadas de la inmigración clandestina. En suma, pretende ser un homenaje a los miles de muertos que se ha cobrado ya esta frontera y un intento por devolverles la dignidad y la identidad, algo que a nadie parece interesar.
La presentación será el martes 7 a las 20.00 horas en la iglesia de Entrevías (Madrid), más conocida como la "parroquia roja", un lugar emblemático por su rebeldía ante un sistema que margina a los más débiles y, especialmente, por su implicación en las redes de apoyo a los inmigrantes sin papeles. El presentador será el cura Javier Baeza (el enlace a su blog lo tienen en este mismo blog) y allí estaremos, entre otros, Magec (que ha hecho unas fotografías maravillosas, como la de la portada, esa madre con esa mirada), Abdoulaye Diallo (amigo de Kolda que viene desde Senegal sólo para la presentación) y yo mismo.
Sabemos que la fecha es mala (Madrid, julio, calor, etc), pero esperamos contar con todos los amigos y amigas a quienes todavía les revuelve la injusticia y la insolidaridad de este nuestro mundo.
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