miércoles, 28 de enero de 2009

UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA HISTÓRICA




Las habitaciones son pequeñas, estrechas, casi diría que incómodas para trabajar y para estar entrando y saliendo. Allí, nueve mesas improvisadas acogen montones de huesos: escafoides, cráneos, vértebras, fémures, húmeros, costillas, mandíbulas, rótulas… en fin, todas esas partes pequeñas y grandes en las que nos contaron de pequeños que se divide el esqueleto humano.

No son blancos, como los que salen en los dibujos animados o en las banderas de los piratas. No. Son más bien amarillentos, como si hubieran acusado el paso del tiempo y el hecho de haber estado tanto tiempo bajo tierra en un lugar frío y húmedo como es el fondo de un pozo. Ni están limpios ni son perfectos. A simple vista pueden verse calcificaciones, espinas bífidas, dientes rotos o ausencia de ellos, así como otros pequeños detalles que revelan a los expertos que, en su día, estos huesos soportaron el peso y los andares de personas normales, como nosotros.

Y como normales que fueron impresiona verlos así, los huesos inermes de nueve personas muertas, colocados sobre mesas improvisadas en tres pequeñas salas mientras un grupo de investigadores los mira y remira, los coge y los suelta, los une y separa, en busca de respuestas. Casi se diría que interpelan a los propios huesos, que hablan con ellos, que les piden explicaciones sobre cuáles fueron sus últimas horas con vida, acerca de qué caminos anduvieron y de cómo llegaron hasta allí.

Y en medio de tanto hueso surge un cráneo que da escalofríos. Tiene un agujero de bala justo en medio de su parte superior. “Lo mataron arrodillado”, aseguran los arqueólogos. Otro recibió el disparo en la cara. Así mataron a estas nueve personas en Arucas en 1937, un tiro y al fondo del pozo, como si fueran animales. Sin juicio ni abogados, sin derecho a defenderse ni posibilidades de hacerlo. Un régimen feroz amparaba a los asesinos. Y ahora están los estudiosos resolviendo el enigma, intentando poner nombre y apellidos a esta montaña de huesos para devolverles la dignidad.

Da igual el tiempo transcurrido. Todos nos merecemos saber qué pasó, pero de manera especialísima los cientos de familiares que nunca supieron el destino de sus seres queridos. Pero más que una cuestión de memoria o de olvido, más que saber por saber, más que los detalles de unas muertes que seguro fueron crueles, los arqueólogos y expertos que estos días he visto hablando con los huesos en tres estrechas habitaciones lo que en realidad están haciendo es una decisiva y fundamental aportación a la justicia, a la justicia histórica, algo que este país llevaba 70 años necesitando.

miércoles, 21 de enero de 2009

EL HOMBRE DEL DÍA

Los periódicos que se publican hoy en España llevan en sus páginas dos historias luminosas. Una, de todos conocida, es el relato desmenuzado al detalle del histórico día en que un negro llegó a ser presidente del país más poderoso de la Tierra. Menuda tarea la que tiene por delante Barack Hussein Obama si no quiere defraudar a las millones de personas en todo el mundo que confían en su buen juicio. Titánica tarea, diría yo. Pero, más allá de lo que ocurra a partir de hoy, que este hombre haya despertado toda esa ilusión y haya llegado hasta la mismísima Casa Blanca (que por algo la llaman así, que decía el doctor House), ya es toda una lección.

Sin embargo, yo, que tengo debilidad por los invisibles, me quedo con la otra historia luminosa del día. Les animo a que hagan lo mismo. Desvíen por un momento los ojos de los flashes, los focos y los desfiles militares y pasen y sigan pasando unas cuantas páginas del periódico del día. Por alguna parte, quizás en una página par del interior o incluso en un pequeño rinconcito de la sección de Sociedad o la de Sucesos, depende del diario en cuestión, hay un tizón encendido de esperanza en el ser humano que les está aguardando como si fuera un tesoro escondido.

Él se llama Wilson y es ecuatoriano. Circulaba ayer mismo con su coche por la calle Sicilia de Barcelona cuando observó como un desalmado energúmeno acuchillaba una y otra vez a una mujer en plena acera. Se paró, sacó sus “fierros de trabajo” del portabulto, como él mismo ha declarado, y le arreó un par de golpes al desgraciado en cuestión que le permitieron llevarse a la víctima del lugar y darle los primeros auxilios. Mientras pasaba esto, otros transeúntes se enfrentaban al agresor, armado con un enorme cuchillo de cocina y con una actitud muy violenta, y lo reducían hasta la llegada al lugar de la Policía.

Desconozco qué procesos químicos se produjeron en el interior de este hombre de origen ecuatoriano que le llevaron a involucrarse, incluso con riesgo de su vida, en la defensa de otra persona cuando podía haber seguido de largo como si nada. No sé qué conexiones neuronales intervienen, qué sustancia se activa en el cerebro, no tengo ni idea de cómo llamar a esta conducta, en cierto modo suicida, que contraviene todas las leyes de la propia supervivencia.

Pero más allá de todas esas dudas razonables, hay una cosa que sí tengo clara. Mucho más que el negro que hoy estrena sábanas y jardín en la Casa Blanca, enhorabuena al señor Obama y los suyos, este inmigrante corajudo, quien seguramente tiene una hipoteca que le asfixia, facturas sin pagar y un trabajo y una vida sobre el alambre es, para mí, el auténtico y singular hombre del día.

sábado, 17 de enero de 2009

EL SHOW PIGMEO


Si aún no se han enterado, van a flipar. Resulta que la cadena de televisión Cuatro está preparando (si todavía no ha dado marcha atrás) un reality show de lo más "pintoresco". Todo empezó allá por noviembre, cuando la cadena publicó un misterioso anuncio por el cual buscaba familias para participar en un programa que se definía como "una aventura irrepetible al otro lado del mundo que les llevará a vivir una experiencia única e inolvidable". Al parecer, se trata de llevar a una familia española hasta una selva africana para convivir con una tribu de pigmeos y, posteriormente, hacer lo mismo pero a la inversa, es decir, traer una familia pigmea a España para que vivan con todas las "comodidades" del mundo occidental.

Me lo contó ayer una amiga en el Foro Social de Fuerteventura, a donde acudí para participar en una mesa redonda, y me quedé, literalmente, impresionado. Lo único que se podría comparar a esta aberración es lo de la mujer barbuda, los enanos del circo o los monos de feria. Vamos, un auténtico disparate que algunos pretenderán justificar en aras a la dictadura de la audiencia. Me parece que si Cuatro lleva finalmente este disparate a las pantallas sería como para montarles un boicot de aquí te meneo e inundarlos de cartas y correos de protesta.

Esperemos que alguien con un poco de sentido común y capacidad para influir dentro del grupo de comunicación al que pertenece esta cadena de televisión sea capaz de frenar este atentado contra la dignidad humana. En la foto de Gustavo Catalán Deus, una familia de pigmeos.

martes, 13 de enero de 2009

LAMPEDUSA Y CANARIAS


Desde el pasado 25 de diciembre, más de 1.500 inmigrantes han llegado a la pequeña isla italiana de Lampedusa, en el Mar Mediterráneo, a bordo de barcazas. Se trata de la mayor arribada de los últimos años, que ha desbordado el único centro de internamiento que existe en el lugar y que trae de cabeza a las autoridades de este país. ¿Les suena? Apretamos las tuercas por un lado, en este caso por la costa atlántica, y las rutas de la emigración africana se trasladan con mayor intensidad a otras latitudes. No es una ciencia exacta, pero la imagen del río que se tapa por uno de sus brazos y se desvía hacia otro cauce describe bastante bien lo que ocurre con estos flujos migratorios continentales.

Lo más llamativo de todo es que las barcazas están llegando precisamente al país europeo que más ha endurecido en los últimos años sus políticas sobre inmigración, especialmente desde la llegada al poder de Silvio Berlusconi y sus aliados, los fascistas de la Liga Norte. El Gobierno transalpino no sólo ha dirigido sus iras contra determinadas minorías étnicas, sino que ha criminalizado la inmigración clandestina, ejemplo que, por cierto, ya siguen en España. Lo digo porque todavía hay quienes defienden que las medidas represivas y la mano dura son suficientes para cortar de raíz este fenómeno, algo que los hechos vienen a desmentir una y otra vez.

En Canarias, mientras tanto, ha terminado el año 2008 con un sensible descenso en la llegada de cayucos y pateras. Pero que nadie se llame a engaño. La presión migratoria hacia Europa, los hechos de Lampedusa lo demuestran, se mantiene vigente y los barcos y aviones que operan en la costa senegalesa y mauritana saben bien que se siguen interceptando expediciones suicidas hacia las Islas.

Por eso me llama mucho la atención escuchar a la secretaria de Estado de Inmigración, la inefable Consuelo Rumí, esbozar un gesto triunfal cuando presenta las cifras que apuntan a este descenso en la llegada de inmigrantes a España, lo que, por cierto, atribuye más al éxito de la represión que a la crisis internacional. Yo le pediría un poquito de prudencia a nuestras autoridades porque estas cosas me traen a la memoria las alabanzas y parabienes que se lanzaban todos en 2005 por la caída a la mitad en la llegada de pateras, justo en el momento en que se estaba fraguando la mayor y más intensa arribada de inmigrantes a nuestra tierra, que tuvo lugar al año siguiente.

Y, ya que estamos, decir también que me parece de un cinismo brutal que alguien pueda afirmar que en 2007 fallecieron 39 personas durante el trayecto hacia Canarias, como ha cuantificado recientemente este Gobierno cuando, en realidad, fueron no menos de 700. Otra cosa es que se quiera negar lo evidente y se llame “desaparecidos”, por ejemplo, a los 88 jóvenes que hace un año y medio se hundieron frente a los ojos de la tripulación del remolcador Conde de Gondomar al sur de Canarias para así no inflar la estadística oficial y que parezca que aquí no pasa nada. Por lo que a mí respecta, y me parece que es de sentido común, esos 88 chicos están muertos y habrá que contarlos. Por más que les pese a algunos.

miércoles, 7 de enero de 2009

MASACRE

Ya son 600 los muertos. Llevamos doce días asistiendo a una masacre en toda regla, a un acto de exterminación premeditada y sanguinario. A un lado, un pueblo encerrado entre muros, vallas y alambres de espino; al otro, una poderosa e implacable maquinaria militar que arrasa con todo a su paso, incluidos mujeres, ancianos y niños. El Gobierno y el Ejército israelíes, enloquecidos en medio de una auténtica orgía de sangre, no van a detenerse por esas menudencias.

He visto y he oído de todo durante estos días, gente que está a favor y gente que está en contra. Sólo una cosa me atrevo decir. Nada, absolutamente nada, puede justificar la violencia indiscriminada contra la población civil de la que ha hecho gala Israel en los últimos doce días. En realidad, ya sabíamos que era un Estado criminal que se burla permanentemente de las resoluciones de Naciones Unidas gracias a su alianza impenitente con los poderosos de la Tierra, pero esta exhibición grosera, esta matanza, este tiro al blanco con niños y bebés es infamia pura.

El sopor y los paños calientes de la comunidad internacional son sólo parte de un guión preescrito que considera el conflicto entre judíos y palestinos como una cuestión interna en la que nadie debe inmiscuirse, masacres incluidas. Perdonen las palabras gruesas, pero llevo días asqueado delante de la tele.

Mientras tanto, por nuestras latitudes, nada nuevo. Porque, en realidad, es también guión preescrito el caso de un joven negro que murió tiroteado a manos de la Gendarmería marroquí la pasada Nochevieja cuando intentaba entrar en España a través de la valla de Melilla. Vamos, que los gendarmes del régimen alauí siguen cumpliendo a la perfección y con pocos miramientos la tarea encomendada, que no es otra que hacernos el trabajo sucio. Un día echamos a los inmigrantes negros al desierto; otro, los tiroteamos. Lo dicho, una masacre.

sábado, 27 de diciembre de 2008

INOCENTE DEL AÑO


La Orden de los Inocentes de Telde ha tenido a bien este año concederme su distinción anual durante la celebración de una cena a la que asistieron 96 personas. Este colectivo, que cada año premia a algún teldense por la labor realizada durante el año, reúne a cientos de personas de todos los ámbitos sociales y ciudadanos. Para mí ha sido un honor recibir este galardón y durante dicho acto se lo dediqué a los millones de personas en todo el mundo que tienen que pasar estas fiestas lejos de los suyos, así como a todos aquellos que han sido objeto de mi trabajo en los últimos diez años, los inmigrantes. Este reconocimiento tiene un significado especial para mí por dos razones, porque me lo hace la gente de mi ciudad y, en segundo lugar, porque esta hermandad dona todos los años una cantidad de dinero para colectivos vulnerables. Gracias a todos los miembros de la Orden de los Inocentes por el detalle que han tenido conmigo. Si quieren más información y noveleriar las fotos de la cena, pasen y vean. http://www.teldeactualidad.com/noticias.php?area=sociedad&id=1189. También hay un excelente reportaje fotográfico en http://www.revistatara.com/modules.php?name=News&file=article&sid=11288 Dos visiones distintas del mismo acto.

jueves, 25 de diciembre de 2008

CUENTO DE NAVIDAD

Hace unos meses descubrí este hermoso cuento y pensé que hoy era un buen día para compartirlo.

Era la noche de Navidad y en todas las casas se disponían las familias para celebrar la Nochebuena. De pronto, en el silencio de la noche, se oyó un fuerte ruido en la calle. Algunas personas se asomaron con miedo a sus ventanas y vieron a un grupo de hombres encapuchados que habían tirado varios adoquines contra el escaparate de un bazar, y pintaban con una brocha en la pared "¡Fuera extranjeros!"... "¡España para los españoles!"...

El bazar era propiedad de un inmigrante marroquí, que se había instalado en el barrio siete años atrás y vivía en un piso cercano con su mujer y tres hijos que estudiaban en el colegio de allí mismo.
La gente, muy asustada, corrió las cortinas o cerró sus ventanas. Al poco rato, siguieron con sus preparativos de la cena de Navidad. Nadie se atrevió a llamar a la policía. Los asaltantes se marcharon tan tranquilos y con grandes risotadas.

Al poco rato dentro de la tienda se oyeron algunas voces: "¡Vámonos a nuestra tierra!"... "Pero ¿te has vuelto loco? ¿Cómo nos vamos a ir?"... "¿Es que no te das cuenta que acá no nos quieren?.. Ea, vámonos ahora mismo"
Y el bazar empezó a bullir como si fuese un hormiguero.

El café se marchó enseguida para Colombia y Brasil de donde habían venido hacía muchísimos años. El té cogió un vuelo charter para India, Camerún y Ruanda. Los collares de diamantes sacaron vuelo para Sudáfrica, Sierra Leona y Congo. Los anillos y otras prendas de oro se fueron, muy irritados, también a Sudáfrica y Latinoamérica.

Las telas de algodón prepararon su pasaporte a Egipto y las sedas a China. Toda la ropa vaquera se fue a Estados Unidos. La carne, muy enojada, hizo sus maletas a Uruguay y Argentina y los plátanos partieron a Guatemala, Colombia, Nicaragua y Ecuador. El millo y las papas se repartieron por todos los países de Latinoamérica, donde habían nacido sus tatarabuelos. El cobre se fue a Chile y el níquel a Nigeria...

Y así, poco a poco, cada cosa se marchó a su país de origen. El bazar se iba quedando casi vacío. La gente del barrio, volvió a asomarse a sus ventanas al sentir tanto movimiento en la calle, de extranjeros que se largaban tan enfadados. Se reían de ellos y se encogían de hombros diciendo: "Bueno, que se vayan! Aquí tenemos de sobra y nuestras fábricas producen de todo"... En ese mismo momento, el fuego de sus cocinas se apagó: la comida se estropeó y sus hornos dejaron crudo el pavo, pues el gas se marchó volando a Argelia. Así que tuvieron que pedir, en todos los hogares, urgente una pizza, pero les contestaron que el servicio había quebrado: ¡Todas las pizzas se habían ido a Italia sin avisar!

Dispuestas a no quedarse sin cena navideña, muchas familias cogieron sus coches para ir a algún restaurante que quedase abierto, pero... ¡no había gasolina en sus depósitos ni en las estaciones de servicio!... El petróleo se fue a Venezuela y al Golfo Pérsico. Además los coches habían quedado hechos una birria: el caucho de las ruedas, también, se había ido a su país y las carrocerías parecían de chicle, pues el aluminio, el hierro, el plástico, etc. Ya no estaban, tampoco.

¡Vaya Navidad!... Casi desesperados, con mucha hambre y aburridos, unos conectaron el ordenador para pasar el tiempo con un video-juego, otros marcaron mensajes en sus teléfonos móviles. Pero tampoco pudieron hacerlo: nadie sabía que esos mecanismos funcionan con un mineral llamado coltán, que fue el primero en irse al Congo, de donde lo habían traído recientemente. Además, estos utensilios tan modernos, ya habían reservado billete para Japón, Taiwán y Tailandia.

"¡Bueno, no pasa nada!" Encendamos la chimenea y cantemos "Noche de Paz"... se dijeron unos a otros para animarse. Más ni siquiera eso pudieron cantar: el villancico había regresado a Austria a vivir en casa de su compositor.

Entonces, aquella gente de aquel barrio, miró con lágrimas de arrepentimiento la pintada del bazar: "¡Fuera extranjeros!"... y pensaron que no debieron haber permitido a aquellos brutos hacer tal barbaridad.

viernes, 19 de diciembre de 2008

UN PASO ATRÁS

Una aberración. Esta es la palabra más suave que se me ocurre para definirlo. El Consejo de Ministros aprobó el viernes pasado una reforma de la Ley de Extranjería que bien podría llevar la firma de Sarkozy, Berlusconi o de cualquier otro destacado miembro de la más rancia derecha europea, pero que, sin embargo, ha sido promovida por un Partido Socialista que no duda ni un instante en ponerse la camiseta de los derechos ciudadanos cuando se trata de nacionales, pero que desprecia y pisotea sin rubor los derechos que corresponden a las personas extranjeras.

Desde que se aprobara este insulto legal, he tenido que escuchar y leer algunas cancaburradas en los medios afines al Gobierno socialista para tratar de justificar lo injustificable, por no hablar de los sonoros silencios que procedían de las guaridas de los opinadores oficiales del régimen. Había pensado que se estaban tomando su tiempo para escudriñar a fondo el nuevo texto legal, pero pasada una semana algunos siguen sin hacer acto de presencia. Casi que mejor.

Podríamos entrar en el fondo del asunto. Podríamos dar detalles sobre la crucifixión de Jesús Caldera y la elevación a los altares de Celestino Corbacho, un ministro nombrado para poner el careto en la nueva política de mano dura en materia de inmigración que, en realidad, marcan los hombres (y mujeres) del Presidente. Podríamos también hablar del miedo atroz que atenaza a un partido que, cuando era oposición, criticaba con fiereza los recortes de derechos de los extranjeros y que, cuando es gobierno, no le tiembla la mano para sacar la tijera y cortar en esa misma dirección.

Sí, habrá quien diga que esta nueva ley reconoce derechos a los irregulares o que ahora se permite el acceso de las ONG a los llamados centros de internamiento. Pero es todo mentira. Ya algunas ONG entraban en los centros y no promover los derechos de asociación y reunión de los inmigrantes hubiera sido ir contra la doctrina del Tribunal Constitucional. Y eso era algo que no se podían permitir. Ir contra el sentido común sí, eso sí.

Sólo un ejemplo, para no cansarles. Han ampliado a 60 días el periodo de retención en las cárceles de extranjeros (que otros usen los eufemismos que quieran), hasta ahora fijados en 40. Dicen que es para facilitar las repatriaciones. Ho, ho, ho, que diría Papá Noel. Ellos saben que las expulsiones no dependen de los días, sino de la pasta que aflojen. Pero no se cortan un pelo en prolongar 20 días más la injusta e inhumana retención de quienes no han cometido ningún delito. Y, además de esto, endurecimiento de penas, trabas a la reagrupación familiar y, en fin, la visión del inmigrante más como un eslabón útil de la cadena productiva que como una persona con familia, derechos e inquietudes.

Me consta que algunos socialistas que sí creen en los derechos de la gente votarán esta ley en el Congreso con la nariz tapada y con los ojos cerrados. El problema es que el tufillo a cerrojazo inmigratorio ya llega a todos lados. En fin, otro paso atrás en la construcción de un mundo mejor.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

UN MUNDO FELIZ

Los miembros del Parlamento Europeo tendrán que decidir hoy mismo si apoyan una directiva de la UE que pretende ampliar la jornada laboral máxima, pasando de las 48 horas actuales hasta 60 para todos los trabajadores y 65 en determinados colectivos. Una sencilla operación matemática nos proporciona el dato de que esta directiva europea, que ya fue aprobada por los ministros de Trabajo de los 27 en junio pasado, amparará las jornadas laborales de hasta 12 horas diarias.

Ante este debate, movido por un afán de colaboración con nuestras autoridades europeas, propongo incluir algunas modificaciones en dicha directiva que difícilmente podrán ser rechazadas, dado que van en la misma dirección. Éstas son mis propuestas:

1. Introducir un pequeño artefacto en la cabeza de cada trabajador para que éste reciba una descarga eléctrica cada vez que se ausenta de su puesto de trabajo más de diez minutos. De esta manera se garantiza un aumento de la productividad.

2. Castración química para que no tengan hijos y así evitar que se cojan esas estúpidas bajas de maternidad y paternidad que tantos quebraderos de cabeza provocan.

3. Adosar unas gamuzas especiales en las suelas de los zapatos de los empleados para que cada vez que vayan al aseo, de paso, limpien la oficina.

4. Instalar unas tiendas de campaña, con baños químicos incluidos (guarradas, las mínimas) en los jardines de las empresas para que los empleados que vivan lejos puedan pernoctar en ellas y, así, no llegar tarde al día siguiente con la manida excusa de los atascos.

5. Y, finalmente, queda autorizado el uso de grilletes y cadenas con bola sólo con fines terapéuticos y durante un periodo máximo de cinco a diez años.

Señores eurodiputados, con estas propuestas no pretendo entorpecer su labor, sólo contribuir al bien común y a un mundo más feliz, igual que ustedes. No me lo agradezcan.

viernes, 12 de diciembre de 2008

UN CAYUCO... DE OSCAR

Es para flipar. El pasado martes, catorce jóvenes africanos que estaban dramatizando en una playa de Gran Canaria la llegada de un cayuco para una productora finlandesa fueron detenidos por efectivos de la Policía Nacional, que irrumpieron en medio del rodaje y, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, se llevaron a los chicos a la Comisaría para su identificación. Estos chicos grababan un capítulo de una serie para la televisión finlandesa, pero ello no fue obstáculo para que nuestros eficaces agentes hicieran su trabajo. Pasadas un par de horas y aclarada la confusión, los chicos fueron liberados.

Para mí que deberían darles un Oscar.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

LAS NAVIDADES EN EL MUNDO

Cuando estudiaba en el colegio y ante la cercanía de la Navidad, la profesora me mandó una vez que hiciera un trabajo sobre cómo se viven estas fiestas en otros países del mundo. Como me puse malo y no entregué aquel trabajo, sirva este artículo para desquitarme.

La red de alcantarillado de Harare, la capital de Zimbawe, está colapsada y el agua potable que llega a las viviendas ya es de todo menos potable, lo que ha provocado la muerte de más de medio millar de personas a causa del cólera. Si a ello sumamos la catastrófica situación nacional, con un paro del 80 por ciento y una inflación del 231 millones por ciento, el resultado no puede ser más desalentador. Bueno, corrijo, sí puede ser más desalentador. Un brote de ántrax en el norteño valle de Zambeze está comenzando a matar a los que han sobrevivido al cólera.

Decenas de miles de refugiados se hacinan en inseguros campamentos montados por Naciones Unidas en el este del Congo. Allí falta de todo, empezando por comida y por agua, imprescindibles para la vida. La causa de tanta desesperación es una guerra étnica alimentada por los gobiernos africanos y las multinacionales extranjeras con el objetivo de facilitar la extracción del coltan, un mineral con el que se fabrican los condensadores de teléfonos móviles, ordenadores y otros aparatos electrónicos. Los mineros del coltan de Kivu trabajan en condiciones de esclavitud, bien lejos de la mirada occidental.

Grupos rebeldes han secuestrado en las últimas semanas una treintena de camiones cargados con ayuda humanitaria que se dirigían a los campos de refugiados de Darfur, entre el Chad y Sudán. Se desconoce el paradero de los conductores. Ello ha provocado el descenso a la mitad del suministro de comida para los cientos de miles de personas que han huido de sus casas por esta guerra olvidada que ha provocado ya unos 750.000 muertos, cifras avaladas por Naciones Unidas.

Mientras participaban en una sentada en la Universidad de Agadir, dos jóvenes saharauis, Baba Khaya y El Houssein Kteif, fueron arrollados por una guagua. Días después, los familiares del primero fueron apaleados brutalmente por las fuerzas policiales marroquíes en la ciudad de Bojador, a tiro de piedra de Canarias, por enarbolar banderas saharauis durante su entierro. Horas después, los mismos agentes penetraron por la fuerza en las casas de los parientes del fallecido y detuvieron a varios de ellos, golpeándoles con saña en las comisarías.

Por cierto, feliz Navidad.

viernes, 5 de diciembre de 2008

PATHÉ CISSÉ YA TIENE LIBRO

Pathé Cissé llegó al sur de Tenerife el 1 de agosto de 2006 a bordo de un cayuco. Como tantos otros en aquellos días, fue enviado al campamento militar de La Isleta donde intentarían expulsarle a Senegal. Allí, durante treinta y pico largos días, comenzó a escribir su historia, la historia de su vida, el viaje en que se jugó la vida, la gente que había dejado atrás y otras muchas reflexiones, en folios que le pedía a Quique, a Mayte, a Carina, a Isabel, a la gente de la Cruz Roja de Las Palmas. Luego, afortunadamente, no fue repatriado sino que lo mandaron para la Península. Desde entonces, como tantos senegaleses, se busca la vida en los mercadillos de la zona de Cádiz.

El sueño de Cissé era que aquellos folios sueltos se convirtieran en un libro. En ellos, cuenta cómo fueron los preparativos, cómo hipotecó su casa para pagar el viaje, los primeros días tranquilos en el mar y cómo luego se fue complicando todo, el momento en que una ola quebró su cayuco y el miedo que pasó cuando le acusaron de haber traído la mala suerte a la expedición. "Las olas nos lanzaban por los aires", aseguraba Cissé en aquellos folios. Y, finalmente, la llegada a Tenerife y los primeros auxilios de los médicos.

El empeño de Isabel Cardenal, psicóloga de Cruz Roja que recibió los primeros cuatro folios y que animó a Cissé a continuar, y de otras muchas personas ha hecho posible que ahora, más de dos años después, los folios se conviertan en libro. La obra se llama "La Tierra Prometida", está en francés y en castellano, y será presentada el lunes día 15 de diciembre en la sede de la Diputación Provincial de Cádiz, institución que financia la obra.

Publiqué un reportaje sobre Cissé en marzo de 2007 y hablé con él en aquel entonces. Su historia es una historia de superación, de empeño y de sacrificio, palabras que también nos hablan de África y sus gentes. Enhorabuena a todos los que han hecho posible este sueño. Me alegro de corazón.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

DOS JÓVENES SAHARAUIS ASESINADOS DURANTE UNA SENTADA EN AGADIR




Dos estudiantes saharauis, Houssein Abdessadik Alktaif y Khaya Baba Abdelaziz, murieron el lunes por la noche tras ser atropellados por un autobús marroquí durante una sentada en la carretera de Agadir junto a la estación, mientras que otros resultaron gravemente heridos, afirmó una fuente del Ministerio saharaui de los territorios ocupados y la inmigración.
Según la información reunida por la misma fuente, los estudiantes saharauis en Agadir, que participaron en una sentada para pedir ser transportados junto a sus familias para pasar la fiesta Id Aladha, "fueron sorprendidos por un autobús marroquí que giró a alta velocidad en su dirección matando a dos de ellos e hiriendo a varios otros ".
Entre los heridos se encuentran dos estudiantes saharauis Belkadi Mbarek y Bouh Alkharrachi que fueron transportados al hospital de Agadir en estado de coma.
Los dos estudiantes saharauis Houssein Abdessadik Alkteif y Khaya Baba Abdelaziz seguian sus estudios en la Universidad Ibn Zohr en Agadir (Marruecos).
Otros tres, Al Hadifa Breiha, Asla Al Salem y Ahmed Ben Mustapha Taleb fueron detenidos por las fuerzas marroquíes que dispersaron violentamente a los manifestantes.En diciembre de 2005, ciudadanos saharauis murieron en circunstancias similares, incluidos tres ancianos atropellados por un camión militar marroquí en una de las calles de la ciudad ocupada de Dakhla. Se llamaban Laamor Sidi Brahim, Taleb Oul Ali Menna y Mohamed Lehsan Sidi Brahim.

CARTA ABIERTA AL ALCALDE DE LA OROTAVA

Estimado señor Valencia,

Estará usted hecho un mar de dudas en este momento. Dijo usted en el congreso de Coalición Canaria en Tenerife que “las costas canarias están a merced de que el moro venga y nos lleve por delante”. Y pocas horas después se había convertido usted en la piñata a la que todos dan palos en la fiesta del pueblo pese a que no había hecho otra cosa que expresar, con bastante crudeza, eso es cierto, todo aquello que llevan diciendo los líderes de su partido en los últimos quince años.

Le habrá dolido especialmente, señor Valencia, que su presidente, el señor Paulino Rivero, haya renegado con la boca chica de esas palabras. Pero, claro, entiéndale. Dentro de unos días va a viajar a Marruecos y no puede llevar en la mochila tal pesada carga. Queda un poco feo.

Sin embargo, estése tranquilo. Son legión en esta tierra quienes albergan el mismo temor irracional y xenófobo, un miedo alimentado tanto por su partido como por otros. ¿O no es racismo echar la culpa de todos los males a los inmigrantes, como hacen un día sí y otro también, desde el Gobierno canario? ¿O vincular la inmigración con la delincuencia, como hace cada vez que puede el Partido Popular? ¿No es xenófobo pedir, como hizo el Parlamento canario, que una flota de la Armada haga frente y obligue a dar la vuelta a las pateras y los cayucos en alta mar?

Y los socialistas, esos que ahora se rasgan las vestiduras y presentan denuncias en la Fiscalía, ¿no son ellos quienes van a ampliar a 60 días el ya de por sí injusto periodo de retención de los inmigrantes?, ¿no es el Gobierno español quien ha expulsado a menores de edad y a discapacitados sin que se le mueva una pestaña?, ¿no es el PSOE quien mantuvo vergonzosamente a 400 ciudadanos asiáticos durante largos meses en una nave de tratamiento de pescado en el puerto de Nuadibú, saltándose toda ley y toda ética?, ¿no fue Moratinos quien aplaudió la política en materia migratoria de Marruecos cuando la Gendarmería de este país disparó y expulsó a inmigrantes al medio de la nada del desierto del Sahara? ¿O es que nos hemos olvidado?

¿Y los medios de comunicación? ¿No fue un periódico de gran tirada de la provincia de Las Palmas el que un día tituló en primera página “Sigue la invasión”? ¿Y otro de Tenerife el que editorializa un día sí y otro también alertando de la presencia de gente “de raza negra” en nuestras calles? ¿Por qué solo una ONG y un colectivo ecologista se han atrevido a denunciarlo? ¿Miedo, quizás? ¿Oportunismo político ahora?

Señor Valencia, sus palabras son lamentables. Pero no está solo. Usted y su imposibilidad para comprender el mundo no son sino la burda expresión de la manera en que tratamos a quienes llegan a nuestra tierra. A patadas.

PD: Especialmente penosas fueron las declaraciones, pidiendo una rectificación, del cónsul de Marruecos en Las Palmas, un señor que representa a un país que se burla constantemente de la legalidad internacional y que trata como animales a los inmigrantes que pasan por sus fronteras y a los saharauis que viven en los territorios ocupados. Penosas sus palabras y penosos quienes las usan en guerritas políticas.

Atentamente, José Naranjo

miércoles, 26 de noviembre de 2008

DOMINGO POR LA MAÑANA

Domingo por la mañana. En un pequeño pueblo de la provincia de Lleida, cinco africanos y un blanco (yo) charlan de manera distendida sobre las cosas de aquí y las cosas de allá. Hace tanto frío en la casa que no nos atrevemos ni a sacarnos el abrigo. Afuera, sopla un viento helado; adentro, una estufa de leña en una esquina de la habitación intenta calentar un poco, pero ni se nota su presencia. La madera es escasa y hay que administrarla.

De repente, entra un empresario blanco. “Necesito alguien”, dice. Me dirige una ojeada fugaz que revela sorpresa, pero sigue a lo suyo. Mientras, los africanos se miran con un gesto de duda. “Es para una hora. Hay que recoger un material allí, en la finca”. Uno de los chicos, un senegalés alto y fuerte llamado Djibril, se levanta de la cama, asiente con la cabeza y responde. “Voy a cambiarme”. “Vale, date prisa, te espero fuera”, añade el empresario. Lo miro mientras se calza un mono azul sobre la ropa con la que había dormido. Él me mira y sonríe. “Es lo que hay”, dice.

Pasada una hora larga, regresa. Está contento. Cuando menos se lo esperaba, en un día en que no suele haber trabajo, se ha ganado cinco euros. Cinco euros por una hora de faena. No está mal. Si trabajara durante ocho horas al día los cinco días de la semana ganaría 800 euros al mes. Y quizás así pudiera alquilarse una habitación para él solo en un piso con calefacción y no pasarse todo el día tiritando dentro de la casa junto a sus cinco compañeros de infortunio.

Sin embargo, rara es la semana en que cada uno de ellos logra trabajar diez horas seguidas, con lo cual no ganan ni 200 al mes. Con esta exigua renta, Djibril y sus amigos sin papeles compran la comida, pagan sus gastos cotidianos y, además, envían dinero a sus familiares para que desde allá no les acusen de insolidarios y de haberse convertido en negros olvidadizos que ya no se acuerdan de los suyos.

En los campos de frutales de la próspera Lleida casi todo se detiene durante el invierno. Hace demasiado frío. Los manzanos y los melocotoneros se suceden en regular alternancia a ambos márgenes de la carretera como un ejército desnudo. Los negros con suerte se van a Jaén, a la campaña de la aceituna, o al plástico almeriense a probar fortuna. Al menos allí no hará tanto frío. Otros, sin embargo, esperan y esperan largas horas cada día en los cruces de los caminos o dentro de las casas, helados, a que un empresario providencial les tire unas migajas de trabajo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

EL INCREÍBLE CASO DE LA MUJER TRANSLÚCIDA

María Dolores vive en un barrio de una gran ciudad. Cuando le dije que iba a hablar de ella en mi próxima columna de Los Invisibles me respondió que vale, que hiciera lo que me diera la gana, pero que no pusiera en dónde vive. “¿Y si alguien lo lee y me identifica? Me da vergüenza que se sepan mis cosas”, me dijo. Yo pensé, “ya será difícil, con la poca gente que me lee”, pero bueno, no respondí nada y preferí hacerle caso para no molestarla

La conocí hace años haciendo un reportaje y hemos mantenido el contacto. María Dolores vive en un piso de 50 metros cuadrados con tres de sus hijos, dos de ellos toxicómanos y el otro recién salido de la cárcel, con su madre, prácticamente postrada en la cama desde hace dos años, y con tres nietos, dos de ellos de la mayor de sus hijas, que murió hace cuatro años de una sobredosis.

Cada mañana se levanta, le da una vuelta a su madre, prepara el desayuno para todos, pan con mantequilla y un tazón de leche caliente, acompaña a los niños al colegio, hace una pequeña compra, pañales, zumos, embutidos y mucha fruta, regresa a la casa, le da otra vuelta a su madre, prepara la comida, recoge a los niños, pone a su madre en una silla de ruedas y baja con ella y el más pequeño hasta el parque, regresa a la casa, acuesta a la madre, hace la cena, acuesta a los niños, le da de comer a su madre y, finalmente, cuando ya no le quedan fuerzas apenas, se sienta en el sofá con la mirada perdida y la tele encendida.

María Dolores vive de su exigua pensión de viuda y de los pocos euros que sus hijos no acaban metiéndose en el cuerpo en forma de drogas y alcohol. Aunque ella no lo verbalice, es una santa milagrera porque milagro y no otra cosa es sobrevivir de esa manera. Fuma y fuma un cigarrillo tras otro para aplacar los nervios y la angustia y cuando consigue que alguna de sus hijas o de sus vecinas se haga cargo de los niños y de su madre, peregrina por las instituciones en busca de ayuda. El otro día le hablaron de la Ley de Dependencia. “No sé si lo veré mientras viva”, dijo ella. Y va camino de tener razón.

A María Dolores, verla la vemos, pero como si nada. Más que invisible, es translúcida.

viernes, 14 de noviembre de 2008

SOLIDARIDAD CON EL SAHARA

LA ASOCIACIÓN CANARIA DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO SAHARAUI

les invita, un año más, a participar en el acto del 14 de noviembre, a defender el derecho del pueblo saharaui a la libre elección de su futuro y a exigir que se respeten los derechos humanos en el Sáhara Occidental ocupado ilegalmente por Marruecos.

El 14 de Noviembre de 1975 fue el día en que se firmó el acuerdo tripartito entre España, Marruecos y Mauritania para el reparto del Territorio del Sáhara Occidental. Después de treinta y tres años el futuro de la región sigue pendiente de un acuerdo que respete el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, siempre en el marco de las Naciones Unidas.

El acto tendrá lugar en el Parque San Telmo, el día 14 de noviembre a las 19 horas, y contará con proyecciones audiovisuales y con una vigilia por el Sáhara Occidental.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

VEINTE AÑOS DESPUÉS


Fue en la playa andaluza de Los Lances. El otro día lo recordaba el periodista Luis de Vega en ABC. Una barca de madera de cinco metros de eslora aparecía varada en la orilla y, a pocos metros, el cuerpo sin vida de un joven boca arriba y con los brazos abiertos. La foto la publicó el Diario de Cádiz y la firmaba, al igual que la crónica, Ildefonso Sena. El 1 de noviembre de 1988, hace ahora 20 años, se abrió de forma oficial una siniestra estadística de muertes y desapariciones de inmigrantes intentando llegar a España que algunos cifran en 18.000 y que ayer mismo volvió a crecer con el fallecimiento de dos africanos en un hospital tinerfeño.

El otro día lo recordaba el propio periodista gaditano. “Una patrulla había localizado a cinco marroquíes mojados y sin papeles en la carretera. Apenas hicieron falta palabras o gestos para comprender lo ocurrido. La siguiente escena fue la del casco de una patera varada y junto a ella el cadáver de un joven con rasgos marroquíes”, decía Sena en un acto celebrado en la propia playa de Los Lances. En las horas siguientes el mar arrojó diez cadáveres más y siete personas fueron dadas por desaparecidas para siempre. En total, 18 muertos y 5 supervivientes.

Hace unos pocos días me lo contaba el periodista andaluz Juan José Téllez, autor del libro “Moros en la Costa”, ex director del periódico Europa Sur y uno de los profesionales que mejor conoce el fenómeno de la inmigración en España. Me decía que ya desde 1987 llegaban inmigrantes a las costas andaluzas y que algunos murieron, pero que las autoridades se empeñaron en ocultarlo, haciéndolos pasar por traficantes de hachís. “Un crimen está ocurriendo a nuestro lado y, sorprendentemente, nosotros sólo sentimos miedo de las víctimas”, reflexionaba.

Ese crimen al que se refiere el maestro Téllez sigue ocurriendo. Aquí y ahora. En las últimas 48 horas han fallecido cinco inmigrantes en Canarias que no tendrán funerales de Estado ni ayudas para sus familias. Pasaron 20 años y todo igual a este lado del mundo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

UNA HISTORIA CHIQUITITA


José Sosa Déniz, latero y afiliado al PSOE, fue detenido y asesinado en diciembre de 1936 en Arucas más por lo segundo que por lo primero. Su mujer siempre pensó que su cuerpo había sido arrojado a un pozo situado cerca de Montaña Cardones, en un lugar conocido como el Llano de las Brujas. Hasta allí acudía en los años cuarenta con su hija Pino a arrojar ramilletes de flores silvestres por la boca del pozo, sin saber a ciencia cierta si los restos de José estaban allí abajo.

Aún es pronto para asegurar si alguno de los fragmentos de hueso hallados el pasado viernes en este pozo, pertenecientes a dos cráneos humanos, es de José Sosa. Aún es pronto, incluso, para certificar que se trata de evidencias de personas que fueron fusiladas y arrojadas allí durante la Guerra Civil Española. Mucha excavación y muchas pruebas deberán ser realizadas aún. Pero tras setenta años, por fin algo se está moviendo. Quizás hasta llegue el día en que todos, los muertos y también los vivos, tengan su merecido descanso porque al menos se sabrá con certeza lo ocurrido.

Hoy, el día en que todos deberíamos estar hablando de esa gran historia llamada Barack Obama y de la primera vez en que un negro va a presidir el país más poderoso del mundo, se me viene a la cabeza esta historia chiquitita, la de Pino Sosa y su lucha por recuperar la memoria de su padre, la de tanta gente invisible que sólo tiene su dignidad por bandera y que están dispuestos a llegar hasta el final en su lucha imposible. Quién le iba a decir a Pino que su pozo se iba a excavar finalmente y que su madre a lo mejor no estaba tan equivocada y que tanto tiempo ha valido la pena porque la verdad, al final, es una sola para todos y acaba saliendo a la luz. Quién se lo iba a decir.

miércoles, 29 de octubre de 2008

LA HISTORIA REPETIDA

A mediados de los años 50 del siglo XIX, miles de chinos llegaron a California atraídos por la fiebre del oro y la expansión del tren. La joven nación de los Estados Unidos se aprovechó de esta mano de obra para cimentar su crecimiento. Sin embargo, tras la Guerra Civil, la situación económica empezó a deteriorarse y subió el paro. Entonces, la población dirigió sus iras contra los chinos y se formaron grupos violentos contra la “competencia desleal” de ojos rasgados. En 1871, 21 chinos fueron linchados en Los Ángeles; en 1877, una multitud enfurecida atacó Chinatown durante 3 días; en 1882, el Congreso decidió prohibir la entrada de chinos mediante la Chinese Exclusion Act.

A comienzos del pasado siglo XX, cientos de miles de europeos, sobre todo italianos, rusos, polacos y griegos, llegaron a Estados Unidos empujados por el hambre y la miseria. Se instalaron en las emergentes ciudades y trabajaron duro para formar parte de una nación en pleno y potente desarrollo. Sin embargo, salvo excepciones, fueron obligados a vivir en ghettos y tratados como criminales. De hecho, los estadounidenses preferían a los emigrantes de Gran Bretaña y Europa del Norte. Como la arribada no cesaba, en 1917 aprobaron una ley que prohibía la llegada de analfabetos y fijaron cuotas: tan solo serían admitidos 3.600 italianos por año.

El 29 de octubre de 1929, hace hoy 79 años, ha sido bautizado como el Martes Negro. Fue el día en que la Bolsa de Nueva York se hundió definitivamente. Este Crack del 29 trajo consigo la Gran Depresión de los años 30, durante la cual los países industrializados entraron en un irreversible declive económico. Algunos países europeos, como Alemania, se vieron muy afectados: desplome industrial, ruina de los bancos, hundimiento de los salarios, aumento del desempleo hasta llegar al 30% en 1932. El Partido Nazi se aprovechó de todo ello y culpó de todos los males a judíos y comunistas con el apoyo masivo de una población empobrecida. El resto de la historia es harto conocida: expulsiones, ghettos, campos de concentración y cámaras de gas.

Comienza el siglo XXI. La bonanza económica en una Europa cada vez más fortalecida atrae a los desesperados del Planeta. Millones de inmigrantes de Sudamérica, África, Asia y Europa del Este llegan a la Tierra Prometida. Pero en 2008 una terrible crisis financiera sacude al mundo y se proclama el fin del capitalismo tal y como lo hemos conocido hasta ahora. En Italia, Berlusconi arremete contra los gitanos; en Francia, Sarkozy propugna la “inmigración especializada”; en España, los socialistas giran a la derecha y promueven normas cada vez más restrictivas. Europa aprueba la Directiva de Retorno, que abre la puerta a la expulsión de menores de edad y trata a los inmigrantes como criminales.

Si es que nunca aprendemos.
 
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