miércoles, 26 de noviembre de 2008

DOMINGO POR LA MAÑANA

Domingo por la mañana. En un pequeño pueblo de la provincia de Lleida, cinco africanos y un blanco (yo) charlan de manera distendida sobre las cosas de aquí y las cosas de allá. Hace tanto frío en la casa que no nos atrevemos ni a sacarnos el abrigo. Afuera, sopla un viento helado; adentro, una estufa de leña en una esquina de la habitación intenta calentar un poco, pero ni se nota su presencia. La madera es escasa y hay que administrarla.

De repente, entra un empresario blanco. “Necesito alguien”, dice. Me dirige una ojeada fugaz que revela sorpresa, pero sigue a lo suyo. Mientras, los africanos se miran con un gesto de duda. “Es para una hora. Hay que recoger un material allí, en la finca”. Uno de los chicos, un senegalés alto y fuerte llamado Djibril, se levanta de la cama, asiente con la cabeza y responde. “Voy a cambiarme”. “Vale, date prisa, te espero fuera”, añade el empresario. Lo miro mientras se calza un mono azul sobre la ropa con la que había dormido. Él me mira y sonríe. “Es lo que hay”, dice.

Pasada una hora larga, regresa. Está contento. Cuando menos se lo esperaba, en un día en que no suele haber trabajo, se ha ganado cinco euros. Cinco euros por una hora de faena. No está mal. Si trabajara durante ocho horas al día los cinco días de la semana ganaría 800 euros al mes. Y quizás así pudiera alquilarse una habitación para él solo en un piso con calefacción y no pasarse todo el día tiritando dentro de la casa junto a sus cinco compañeros de infortunio.

Sin embargo, rara es la semana en que cada uno de ellos logra trabajar diez horas seguidas, con lo cual no ganan ni 200 al mes. Con esta exigua renta, Djibril y sus amigos sin papeles compran la comida, pagan sus gastos cotidianos y, además, envían dinero a sus familiares para que desde allá no les acusen de insolidarios y de haberse convertido en negros olvidadizos que ya no se acuerdan de los suyos.

En los campos de frutales de la próspera Lleida casi todo se detiene durante el invierno. Hace demasiado frío. Los manzanos y los melocotoneros se suceden en regular alternancia a ambos márgenes de la carretera como un ejército desnudo. Los negros con suerte se van a Jaén, a la campaña de la aceituna, o al plástico almeriense a probar fortuna. Al menos allí no hará tanto frío. Otros, sin embargo, esperan y esperan largas horas cada día en los cruces de los caminos o dentro de las casas, helados, a que un empresario providencial les tire unas migajas de trabajo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

EL INCREÍBLE CASO DE LA MUJER TRANSLÚCIDA

María Dolores vive en un barrio de una gran ciudad. Cuando le dije que iba a hablar de ella en mi próxima columna de Los Invisibles me respondió que vale, que hiciera lo que me diera la gana, pero que no pusiera en dónde vive. “¿Y si alguien lo lee y me identifica? Me da vergüenza que se sepan mis cosas”, me dijo. Yo pensé, “ya será difícil, con la poca gente que me lee”, pero bueno, no respondí nada y preferí hacerle caso para no molestarla

La conocí hace años haciendo un reportaje y hemos mantenido el contacto. María Dolores vive en un piso de 50 metros cuadrados con tres de sus hijos, dos de ellos toxicómanos y el otro recién salido de la cárcel, con su madre, prácticamente postrada en la cama desde hace dos años, y con tres nietos, dos de ellos de la mayor de sus hijas, que murió hace cuatro años de una sobredosis.

Cada mañana se levanta, le da una vuelta a su madre, prepara el desayuno para todos, pan con mantequilla y un tazón de leche caliente, acompaña a los niños al colegio, hace una pequeña compra, pañales, zumos, embutidos y mucha fruta, regresa a la casa, le da otra vuelta a su madre, prepara la comida, recoge a los niños, pone a su madre en una silla de ruedas y baja con ella y el más pequeño hasta el parque, regresa a la casa, acuesta a la madre, hace la cena, acuesta a los niños, le da de comer a su madre y, finalmente, cuando ya no le quedan fuerzas apenas, se sienta en el sofá con la mirada perdida y la tele encendida.

María Dolores vive de su exigua pensión de viuda y de los pocos euros que sus hijos no acaban metiéndose en el cuerpo en forma de drogas y alcohol. Aunque ella no lo verbalice, es una santa milagrera porque milagro y no otra cosa es sobrevivir de esa manera. Fuma y fuma un cigarrillo tras otro para aplacar los nervios y la angustia y cuando consigue que alguna de sus hijas o de sus vecinas se haga cargo de los niños y de su madre, peregrina por las instituciones en busca de ayuda. El otro día le hablaron de la Ley de Dependencia. “No sé si lo veré mientras viva”, dijo ella. Y va camino de tener razón.

A María Dolores, verla la vemos, pero como si nada. Más que invisible, es translúcida.

viernes, 14 de noviembre de 2008

SOLIDARIDAD CON EL SAHARA

LA ASOCIACIÓN CANARIA DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO SAHARAUI

les invita, un año más, a participar en el acto del 14 de noviembre, a defender el derecho del pueblo saharaui a la libre elección de su futuro y a exigir que se respeten los derechos humanos en el Sáhara Occidental ocupado ilegalmente por Marruecos.

El 14 de Noviembre de 1975 fue el día en que se firmó el acuerdo tripartito entre España, Marruecos y Mauritania para el reparto del Territorio del Sáhara Occidental. Después de treinta y tres años el futuro de la región sigue pendiente de un acuerdo que respete el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, siempre en el marco de las Naciones Unidas.

El acto tendrá lugar en el Parque San Telmo, el día 14 de noviembre a las 19 horas, y contará con proyecciones audiovisuales y con una vigilia por el Sáhara Occidental.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

VEINTE AÑOS DESPUÉS


Fue en la playa andaluza de Los Lances. El otro día lo recordaba el periodista Luis de Vega en ABC. Una barca de madera de cinco metros de eslora aparecía varada en la orilla y, a pocos metros, el cuerpo sin vida de un joven boca arriba y con los brazos abiertos. La foto la publicó el Diario de Cádiz y la firmaba, al igual que la crónica, Ildefonso Sena. El 1 de noviembre de 1988, hace ahora 20 años, se abrió de forma oficial una siniestra estadística de muertes y desapariciones de inmigrantes intentando llegar a España que algunos cifran en 18.000 y que ayer mismo volvió a crecer con el fallecimiento de dos africanos en un hospital tinerfeño.

El otro día lo recordaba el propio periodista gaditano. “Una patrulla había localizado a cinco marroquíes mojados y sin papeles en la carretera. Apenas hicieron falta palabras o gestos para comprender lo ocurrido. La siguiente escena fue la del casco de una patera varada y junto a ella el cadáver de un joven con rasgos marroquíes”, decía Sena en un acto celebrado en la propia playa de Los Lances. En las horas siguientes el mar arrojó diez cadáveres más y siete personas fueron dadas por desaparecidas para siempre. En total, 18 muertos y 5 supervivientes.

Hace unos pocos días me lo contaba el periodista andaluz Juan José Téllez, autor del libro “Moros en la Costa”, ex director del periódico Europa Sur y uno de los profesionales que mejor conoce el fenómeno de la inmigración en España. Me decía que ya desde 1987 llegaban inmigrantes a las costas andaluzas y que algunos murieron, pero que las autoridades se empeñaron en ocultarlo, haciéndolos pasar por traficantes de hachís. “Un crimen está ocurriendo a nuestro lado y, sorprendentemente, nosotros sólo sentimos miedo de las víctimas”, reflexionaba.

Ese crimen al que se refiere el maestro Téllez sigue ocurriendo. Aquí y ahora. En las últimas 48 horas han fallecido cinco inmigrantes en Canarias que no tendrán funerales de Estado ni ayudas para sus familias. Pasaron 20 años y todo igual a este lado del mundo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

UNA HISTORIA CHIQUITITA


José Sosa Déniz, latero y afiliado al PSOE, fue detenido y asesinado en diciembre de 1936 en Arucas más por lo segundo que por lo primero. Su mujer siempre pensó que su cuerpo había sido arrojado a un pozo situado cerca de Montaña Cardones, en un lugar conocido como el Llano de las Brujas. Hasta allí acudía en los años cuarenta con su hija Pino a arrojar ramilletes de flores silvestres por la boca del pozo, sin saber a ciencia cierta si los restos de José estaban allí abajo.

Aún es pronto para asegurar si alguno de los fragmentos de hueso hallados el pasado viernes en este pozo, pertenecientes a dos cráneos humanos, es de José Sosa. Aún es pronto, incluso, para certificar que se trata de evidencias de personas que fueron fusiladas y arrojadas allí durante la Guerra Civil Española. Mucha excavación y muchas pruebas deberán ser realizadas aún. Pero tras setenta años, por fin algo se está moviendo. Quizás hasta llegue el día en que todos, los muertos y también los vivos, tengan su merecido descanso porque al menos se sabrá con certeza lo ocurrido.

Hoy, el día en que todos deberíamos estar hablando de esa gran historia llamada Barack Obama y de la primera vez en que un negro va a presidir el país más poderoso del mundo, se me viene a la cabeza esta historia chiquitita, la de Pino Sosa y su lucha por recuperar la memoria de su padre, la de tanta gente invisible que sólo tiene su dignidad por bandera y que están dispuestos a llegar hasta el final en su lucha imposible. Quién le iba a decir a Pino que su pozo se iba a excavar finalmente y que su madre a lo mejor no estaba tan equivocada y que tanto tiempo ha valido la pena porque la verdad, al final, es una sola para todos y acaba saliendo a la luz. Quién se lo iba a decir.

miércoles, 29 de octubre de 2008

LA HISTORIA REPETIDA

A mediados de los años 50 del siglo XIX, miles de chinos llegaron a California atraídos por la fiebre del oro y la expansión del tren. La joven nación de los Estados Unidos se aprovechó de esta mano de obra para cimentar su crecimiento. Sin embargo, tras la Guerra Civil, la situación económica empezó a deteriorarse y subió el paro. Entonces, la población dirigió sus iras contra los chinos y se formaron grupos violentos contra la “competencia desleal” de ojos rasgados. En 1871, 21 chinos fueron linchados en Los Ángeles; en 1877, una multitud enfurecida atacó Chinatown durante 3 días; en 1882, el Congreso decidió prohibir la entrada de chinos mediante la Chinese Exclusion Act.

A comienzos del pasado siglo XX, cientos de miles de europeos, sobre todo italianos, rusos, polacos y griegos, llegaron a Estados Unidos empujados por el hambre y la miseria. Se instalaron en las emergentes ciudades y trabajaron duro para formar parte de una nación en pleno y potente desarrollo. Sin embargo, salvo excepciones, fueron obligados a vivir en ghettos y tratados como criminales. De hecho, los estadounidenses preferían a los emigrantes de Gran Bretaña y Europa del Norte. Como la arribada no cesaba, en 1917 aprobaron una ley que prohibía la llegada de analfabetos y fijaron cuotas: tan solo serían admitidos 3.600 italianos por año.

El 29 de octubre de 1929, hace hoy 79 años, ha sido bautizado como el Martes Negro. Fue el día en que la Bolsa de Nueva York se hundió definitivamente. Este Crack del 29 trajo consigo la Gran Depresión de los años 30, durante la cual los países industrializados entraron en un irreversible declive económico. Algunos países europeos, como Alemania, se vieron muy afectados: desplome industrial, ruina de los bancos, hundimiento de los salarios, aumento del desempleo hasta llegar al 30% en 1932. El Partido Nazi se aprovechó de todo ello y culpó de todos los males a judíos y comunistas con el apoyo masivo de una población empobrecida. El resto de la historia es harto conocida: expulsiones, ghettos, campos de concentración y cámaras de gas.

Comienza el siglo XXI. La bonanza económica en una Europa cada vez más fortalecida atrae a los desesperados del Planeta. Millones de inmigrantes de Sudamérica, África, Asia y Europa del Este llegan a la Tierra Prometida. Pero en 2008 una terrible crisis financiera sacude al mundo y se proclama el fin del capitalismo tal y como lo hemos conocido hasta ahora. En Italia, Berlusconi arremete contra los gitanos; en Francia, Sarkozy propugna la “inmigración especializada”; en España, los socialistas giran a la derecha y promueven normas cada vez más restrictivas. Europa aprueba la Directiva de Retorno, que abre la puerta a la expulsión de menores de edad y trata a los inmigrantes como criminales.

Si es que nunca aprendemos.

miércoles, 22 de octubre de 2008

FELIPE Y CARMENCITA

La vieron llegar con el raído pañuelo negro en la cabeza y con el mismo paso renqueante de siempre, la vieja Carmencita. Salió de su casa bien de mañana, casi después del alba, llevando consigo un pequeño taburete de madera como si tuviera la intención de sentarse en cualquier parte a esperar que cualquier cosa fuera a ocurrir ante sus ojos.

Era asunto curioso y digno de mil y un comentarios la actitud de Carmencita, cruzando todo el pueblo, que debió tardar casi dos horas, de una punta hasta la otra con un taburete en una mano y sujetándose con la otra a las paredes encaladas de las casas y a los soportales y a los barrotes de las ventanas.

Despertaba a su paso la curiosidad y también la inquietud de sus convecinos, que se miraban extrañados y se preguntaban que a dónde iba con tanto desespero esta mujer, que hacía años que ni salía de casa sino para ir al médico y ahora tanto andar y andar por medio del pueblo. Algunos le preguntaron que qué pasaba, pero ella ni se molestó en darse la vuelta para contestar.

Así llegó, agotada de tanto trajín, hasta el pie de la colina junto a las últimas casas habitadas y se detuvo sin motivo aparente. En medio de aquel secarral plantó su taburete de madera, se secó el sudor con la manga de su negro vestido de toda la vida y, finalmente, se sentó. “De aquí no sacan a mi Felipe sin mi permiso”, dijo. Dos metros bajo los pies de Carmencita y bajo las cuatro patas del taburete de madera, un montón de huesos y una vieja bala fascista llevan setenta años esperando por este momento.

miércoles, 15 de octubre de 2008

LAS VERDADES DE JÉRÔME


Lo conocí una mañana de marzo de 2006. Me recibió atentamente en su pequeña iglesia redonda, situada sobre una pequeña y arenosa montaña del centro de Nuadibú. El padre Jérôme Otitoyomi (en la imagen), un valiente cura nigeriano, llevaba ya tiempo dando asilo y refugio a quienes llegaban desde lo más profundo del continente africano en busca de un cayuco para llegar a Canarias. En los últimos seis años ha enterrado con sus propias manos a más de una veintena de jóvenes que el mar se encargó de arrastrar hasta la costa. Es una voz autorizada, una persona que se ha entregado en cuerpo y alma a quienes nada tienen, sin importarle su religión o su origen.
El padre Jérôme lo acaba de decir en una entrevista concedida a la revista Jeune Afrique. “Aquí hay siempre un montón de gente que quiere partir a toda costa. Las nuevas leyes y políticas de Europa… ¡eso no les dice nada! Cada uno busca la más mínima abertura, cada cual piensa que va a encontrar su oportunidad. Las salidas de cayucos continúan y van a continuar”, asegura el religioso.
Esta ciudad mauritana sigue siendo, hoy por hoy, el principal punto de salida de embarcaciones hacia Canarias. Los chicos vienen desde Malí y desde Senegal, pero también desde Gambia, Guinea Bissau o Costa de Marfil. En Nuadibú se concentran y aguardan su momento. Sólo es cuestión de tiempo que asistamos a la próxima tragedia. Será una barcaza a la deriva con decenas de muertos, un naufragio a pocos metros de la costa o la presencia a bordo de muertos anónimos, fallecidos a causa del esfuerzo, la hipotermia y la deshidratación… pero también por la sordera de una Europa blindada por sus cuatro costados.
Que en medio de tanta crisis financiera y tanto crash bursátil no hablemos de ellos, no significa que no existan. Como dice Jérôme, pese a todo y contra todo, los cayucos seguirán zarpando.

sábado, 11 de octubre de 2008

LINDA HISTORIA

el amigo Pablo Arévalo me manda esta historia y se me ha ocurrido colgarla en el blog.

En un Avión...
¿Cuál es el problema, Sra.? - Pregunta la azafata.
¿Es que no lo ve? - Responde la dama - Me colocaron junto a un indígena. No soporto estar al lado de uno de estos seres repugnantes.¿¿¡¡No tiene otro asiento!! ??
Por favor, cálmese… -dice la azafata- Casi todos los asientos están ocupados. Pero, voy a ver si hay un lugar disponible.
La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde: Sra., como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.
Antes de que la dama pueda hacer el menor comentario, la azafata sigue: Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase. Pero, dadas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.
Y dirigiéndose al indígena, la azafata le dice: Si el Sr. lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.
Todos los pasajeros alrededor, que, sorprendidos, presenciaban la escena se levantaron y aplaudieron...

miércoles, 8 de octubre de 2008

LA CRISIS, SEGÚN YO

Perdonen el atrevimiento, pero estoy hasta el Ecofin de que me hablen de la crisis financiera internacional, de las caídas bursátiles y de otras vainas sin enterarme un copón bendito mientras mi economía doméstica funciona peor que los ascensores del hospital Insular. Así que acabo de terminar un cursillo acelerado de macroeconomía por Internet y me he puesto al día en estas cuestiones trascendentales. Paso a hacerles un pequeño resumen.
Durante los últimos años ha habido un montón de gente que se ha dedicado a enriquecerse, sobre todo con el tema inmobiliario. Un constructor me dijo el otro día que el coste de un piso normalito es de unos 6 ó 7 millones de pesetas. Me quedé flipado. ¿Por qué, entonces, los estaban vendiendo a 30 y 40 millones? ¿Quién se quedaba todo ese dineral? Pues unos cuantos avariciosos que se han forrado con las necesidades de vivienda de la gente. Y, por supuesto, los bancos que han hecho tremendo negocio dando créditos a todo quisque.
Claro, porque todo el mundo se ha tenido que hipotecar hasta las orejas para poder pagar esos precios abusivos que cada vez subían más. Y ha llegado un momento, con la subida de la gasolina y de los productos básicos, en que la gente no puede pagar sus hipotecas, ya que hasta ahora no se ha inventado un sistema para dejar de comer. Entonces los bancos ya no ingresan el dinero que necesitan para seguir especulando y jodiéndonos la vida con los intereses, con lo cual se van a la quiebra. Y a partir de ahí todo se desmorona.
La única manera de frenar esta espiral es que los gobiernos intervengan para salvar a los bancos. Pero claro, esa inyección de fondos se hace con dinero público, es decir, con el que usted y yo pagamos a través de los impuestos. O sea que esta gente, al final, nunca pierde y nosotros pagamos los platos rotos.
De momento, anteayer me quedé más tranquilo cuando unos señores de chaqueta y corbata, todos muy elegantes, se reunieron con Zapatero para anunciar que tengo mis ahorros garantizados hasta 50.000 euros. Yo los escuchaba hablando a estos propietarios de bancos y me hacía las mismas preguntas que imagino se harían muchos de ustedes. Pero, ¿de qué ahorros me está hablando esta gente si no tengo un chavo y lo único garantizado es que voy a estar pagando la hipoteca hasta que me jubile? En definitiva, que la cosa está jodida.

jueves, 2 de octubre de 2008

SAHARA, LA INDIFERENCIA CONTINÚA


Al menos 34 personas heridas a causa de la violencia policial, decenas de jóvenes arrestados y encarcelados y otras tantas casas registradas a la fuerza. Éste es el desolador paisaje que la Gendarmería marroquí dejó tras de sí el pasado lunes 22 de septiembre en la ciudad ocupada de Smara, en el Sahara Occidental. De nuevo, la impunidad de un régimen que se burla una y otra vez de las resoluciones de la ONU y que viola de manera flagrante los mínimos derechos de la gente ante la pasividad internacional.
Esta sección en la que escribo se llama Los Invisibles. Y si alguien tiene derecho por mérito propio a figurar bajo esta categoría son, precisamente, los saharauis que viven en los territorios ocupados ilegalmente por Marruecos. Nadie los ve. A nadie parecen preocuparles decenas de miles de hombres, mujeres y niños que sufren desde hace años el acoso y la violencia permanente de un régimen que no les reconoce ni derechos ni libertades, ni individuales ni colectivas. Y duele de manera especial que los canarios nos hayamos convertido en unos virtuosos del arte de mirar hacia otro lado respecto de este conflicto. No sólo estamos a tiro de piedra, sino que compartimos un pasado común. Tan pronto los hemos olvidado. O lo que es aún peor, empresarios y políticos de estas Islas se están lanzando ya sobre los recursos naturales o las posibilidades de negocio de este territorio, algo seriamente cuestionable desde la óptica de la legalidad internacional. He visto ese despliegue de violencia con mis propios ojos en ciudades como El Aaiún o en la ya citada de Smara, nadie ha tenido que venir a contármelo. Los activistas de Derechos Humanos que lo denuncian a diario se exponen a dar con sus huesos en las cárceles del régimen marroquí y, pese a tanta indiferencia, siguen en su tarea. Mientras tanto, a 100 kilómetros de allí, el Parlamento de Canarias se reúne, el Cabildo de Gran Canaria aprueba una moción y crece una ola de indignación… porque un bufón mediático quiere cambiar el nombre de una isla. Tanto ruido para nada. ¿Qué quieren que les diga? A lo mejor tendríamos que dejar de mirarnos un poco el ombligo.

viernes, 26 de septiembre de 2008

TURCÓN RESISTE

Apenas era un pibe de instituto cuando fui a mi primer pateo organizado por Turcón. La cita era en un punto intermedio entre Telde e Ingenio para subir por el barranco del Draguillo, dormir en la plaza de Cazadores y al día siguiente bajar por Los Cernícalos. Una caminata en toda regla. Yo debía tener unos 15 años, pero aprendí entonces algo, aparentemente muy simple, pero que me acompañaría ya durante toda mi vida: el mundo no se puede conocer de verdad si uno no se sale de la carretera.
En aquel pateo me asombré con la presencia de grabados prehispánicos tan cerca de mi casa, escalé hasta unas cuevas comunicadas por pasadizos a través de la piedra donde guardaban el grano antes de la Conquista, vi a hombres como castillos abrazarse amorosamente a los dragos y, sin embargo, arrancar sin piedad brotes de eucalipto, pasé un frío de muerte bajo las estrellas, asistí al milagro del nacimiento del agua y empecé a distinguir entre un verol, una retama y una tabaiba. Turcón era entonces un colectivo de jóvenes teldenses inquietos por la defensa de la Naturaleza. Hoy pueden decir orgullosos que resisten, que han cumplido 25 años y que no se han movido ni un milímetro en aquella lucha que emprendieron pintando murales desde un modesto colegio de EGB y que les ha llevado a convertirse en una referencia para el movimiento ecologista de toda Canarias. Pero la mejor manera de conocer cuál ha sido esta trayectoria es acercarse a ver la exposición que, con motivo del 25 aniversario, han colgado en las paredes del centro cultural del parque Arnao, en Telde. La lucha contra los vertidos o contra las extracciones de áridos, las propuestas para regenerar zonas deterioradas, como el proyecto de Parque Marítimo de Jinámar (nombre hoy vergonzosamente robado por un proyecto comercial que homenajea al mal gusto y que, además, no respeta en nada a la idea original), pero también la defensa del Patrimonio Histórico, como sus actos públicos al pie de Los Picachos, o las más recientes campañas en pro del transporte público en Gran Canaria son algunos de los hitos que marcan su existencia durante estos 25 años. A la gente de Turcón siempre le dio igual si eran 20 o 200 los que secundaban sus movilizaciones. Ellos se plantaban un año tras otro delante del tractor o junto a la boca del emisario por donde salía la mierda que llegaba hasta nuestras playas. De la misma forma, a la gente de Turcón le da igual que el actual concejal de Urbanismo de Telde les acuse de que “no respetan el estado de Derecho”, como dijo recientemente. En vez de hacerles un homenaje, los ponen fuera de la Constitución. Turcón, todo un ejemplo.

martes, 23 de septiembre de 2008

REPATRIACIONES POR DINERO

Los problemas surgidos en torno a la expulsión fallida de 101 gambianos desde Canarias no son sino la consecuencia de la política que ha enarbolado el Gobierno español en materia de inmigración en los últimos años. Cuando los cayucos comenzaron a llegar de dos en dos a Canarias, la primera medida de Zapatero fue abrir la cartera y regalar patrulleras y jeeps y donar dinero, mucho dinero, a los gobiernos de Mauritania y Senegal a cambio de que extremaran la vigilancia de sus costas y comenzaran a aceptar repatriaciones. Ya había ocurrido lo mismo con Marruecos y ahora Gambia pide su cuota. Que no digan ahora que les chantajean, porque fue España la que puso en marcha el soborno y el intercambio de estampitas en materia de inmigración. "Es el único lenguaje que entienden en África", dijeron entonces desde Exteriores. Nada importaba que, de paso, se truncara un derecho inalienable como es el de migrar y se sometiera a los africanos a la humillación y el sufrimiento de unas deportaciones que están generando un enorme malestar en estos países, una auténtica bomba de relojería social aún por evaluar. Si España se rascó los bolsillos antes, ahora que no ponga el grito en el cielo. 

miércoles, 17 de septiembre de 2008

HISTORIA DE UN FÓSFORO

Corría el año 2002. El entonces ministro de Interior español, un tal Mariano Rajoy, visitaba la antigua terminal del Aeropuerto de Fuerteventura convertida en centro de internamiento de inmigrantes. Tras el recorrido oficial y parado delante de su puerta, Rajoy declaraba ante los asombrados periodistas (a quienes, por cierto, no se permitió jamás el acceso) que en dicho lugar los inmigrantes recibían un trato “idóneo”.
Este gran estadista acababa de ver con sus propios ojos una de las peores y más sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos que se hubiera producido en territorio español durante la Democracia, una cárcel de los horrores donde los inmigrantes eran encerrados 40 días prácticamente sin luz natural ni aire fresco, donde los apenas tres wateres que había para cientos de personas se rebosaban y mojaban los colchones amontonados sobre el suelo, un recinto en el que un día tras otro la comida era fría y escasa y del que se entraba sano y se salía enfermo, un centro, en fin, que mereció las críticas y las denuncias de organismos europeos, nacionales e internacionales hasta que, por fin, se logró su cierre pasados algunos años. Teniendo en cuenta que para Rajoy estas condiciones de vida eran “idóneas”, no es de extrañar ahora que el líder de la derecha española se alarme por el hecho de que 180.000 extranjeros estén cobrando el paro en este país. Quizás para esta destacada figura de la política nacional, lo “idóneo” sería, más bien, reabrir la vieja terminal del Aeropuerto de Fuerteventura y meter allí a todos los inmigrantes en paro; o fletar vuelos y expulsarlos a sus países, para que deje de costarnos dinero su manutención. Se olvida Rajoy de decir que si cobran el paro es porque han trabajado en España y, por tanto, tienen derecho a ello por ley y por sentido común, igual que cualquier persona. Pero en realidad lo que pretende con estas declaraciones cargadas de intención es ordeñar votos de las dos vacas que dan más leche en este momento, a saber, la crisis económica y la inmigración. Sus palabras, que arriman un fósforo a la gasolina de la intolerancia, no lo convierten de repente en un político irresponsable, porque ya lo era; lo que estas declaraciones anuncian, más bien, es que cada vez hay más ojos que se dirigen hacia las personas extranjeras en busca de chivos expiatorios por la subida del paro o por la mala situación económica. Ojos que, por cierto, no militan todos en la derecha o están en la oposición.

lunes, 15 de septiembre de 2008

LA MISMA MATERIA HUMANA

Hace unos días estuve en un tanatorio acompañando a una amiga que acababa de perder a su padre. Al salir, me invadía un sentimiento de pesadumbre y de tristeza difícil de explicar con palabras, una sensación muy parecida a la que experimenté cuando regresé a Gran Canaria a finales de agosto tras un viaje al extranjero. El accidente del avión de Spanair me pilló fuera, pero nada más pisar el aeropuerto me pareció que más bien estaba entrando en un tanatorio, en un lugar donde la gente se reconocía por la tristeza en la mirada, donde el que más, el que menos, había perdido a un conocido, a un amigo, a un primo o a un vecino, cuando no a un padre, a un hijo o a un hermano.

Debe ser muy difícil de asimilar el desgarro que provoca la muerte de un ser querido, que en este caso se unía al absurdo de un accidente que nunca debió ocurrir si las cosas se hubieran hecho bien. Recuerdo perfectamente que mi primera reacción nada más tener conocimiento de la noticia fue llamar a mis familiares para averiguar si había alguien de los nuestros a bordo de ese avión. Hasta que no conseguí hablar con mis padres no pude quedarme tranquilo.

En cualquier caso, las horas que transcurrieron desde el accidente hasta que la compañía publicó la lista de pasajeros y se supo quiénes habían muerto y quiénes no debieron ser horribles, trágicas, dolorosas, interminables para muchos. Piénselo por un instante.

Y una vez pensado, imagínense ahora lo que deben sentir esas familias en Malí o en Senegal que han visto a sus hijos partir y que no han vuelto a saber de ellos en meses, a quienes llega el eco lejano de algún naufragio de una patera en aguas de Canarias, que ven por televisión las imágenes de los cuerpos sumergidos en el fondo de un cayuco y que no aciertan a distinguir si hay alguien que conozcan en medio de ese amasijo de carne, el vacío cotidiano de la falta de noticias y, finalmente, la sospecha, que crece con los días, de que su hijo, de que la esperanza de toda la familia, de que aquel que partió en busca de fortuna, nunca llegó a tocar tierra, de que se hundió para siempre en el mar.

El accidente del Spanair me sorprendió, precisamente, en una región del sur de Senegal donde cientos de familias viven con ese vacío y con ese dolor. Ni funerales oficiales ni listas de pasajeros. Porque una cosa sí les puedo decir. Estos chicos y las personas que murieron en el avión de Spanair están hechos de la misma materia humana. Por si alguien se había olvidado.

jueves, 11 de septiembre de 2008

COLABORACIÓN Y FORO DE LAS MIGRACIONES

Desde ayer miércoles inicio una colaboración semanal en el programa El Correíllo del buen amigo Juan García Luján en Canariasahora Radio, con la lectura de una columna de opinión sobre algún tema de actualidad. Dicha columna, que también se colgará en el periódico digital www.canariasahora.es cada miércoles, se escribirá bajo el epígrafe Los Invisibles, que también da nombre a este blog. Mi primera colaboración se llamó "La misma materia humana".
Por otra parte, mañana viernes tendré el honor de participar en el III Foro Social Mundial de las Migraciones, que se celebra en Rivas-Vaciamadrid. Me han invitado a presentar mi libro Cayucos y a una mesa redonda, en la que estaré muy bien acompañado por los periodistas Juan Manuel Pardellas y Belén Molina, el escritor Antonio Lozano y el grandísimo Nicolás Castellano. Todos ellos son canarios y también presentan sus trabajos en este Foro, lo cual es una excelente noticia. El acto de mañana será a partir de las 20.00 horas, así que si alguien se anima nos vemos por allí. 

lunes, 8 de septiembre de 2008

OTRA VEZ EN KANDAHAR



Lo acaba de denunciar Médicos del Mundo. La Gendarmería marroquí ha abandonado a su suerte un grupo de 37 jóvenes en una zona desértica, conocida como Kandahar, situada entre la frontera norte de Mauritania y la frontera sur del Sahara Occidental, controlada por Marruecos. Médicos del Mundo, en colaboración con CEAR y Cruz Roja, ha logrado localizar a 16, pero 21 continúan perdidos. Esta franja de unos cinco kilómetros de ancho está atravesada por un serpenteante camino de tierra del que no es aconsejable alejarse demasiado, dado que se trata de una zona minada. No es la primera vez que Marruecos abandona a grupos de inmigrantes en este lugar y en otros peores. En marzo de 2006 tuve ocasión de verlo con mis propios ojos (la fotografía que ilustra este comentario la tomé entonces en Kandahar).

Los jóvenes caminan de un puesto fronterizo al otro sin que ni Marruecos ni Mauritania les permitan el acceso, abandonados en medio de la nada, triste ejemplo de cómo los gobiernos africanos, especialmente Marruecos, pisotean los derechos de las personas con la complicidad de los estados europeos, de modo muy especial España, que financian y aplauden las medidas en materia migratoria.

Sólo cuando ONG o periodistas nos topamos con los hechos y los denunciamos, salta el escándalo y los gobiernos europeos se echan las manos a la cabeza y piden respeto a los Derechos Humanos. Es una auténtica vergüenza.

jueves, 4 de septiembre de 2008

LAS PATRAÑAS DEL GOBIERNO

La insigne secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, que a este ritmo acabará haciendo buenos a sus impresentables predecesores en el cargo, no tardó ni un par de horas. Apenas conoció la noticia de los 14 muertos en un cayuco llegado al sur de Gran Canaria, volvió a enarbolar el consabido y facilón discurso de "todo es culpa de las mafias". No me cansaré de decirlo: los africanos que recurren a los cayucos están desesperados por salir de su situación y suben voluntariamente a estas embarcaciones. Claro que hay gente que se aprovecha, igual que del tráfico de drogas o de armas. Estaría bueno. Pero si algo los obliga a escoger esta vía es, en realidad, la restrictiva legislación europea que no les deja más opciones, así que si alguien quiere buscar culpables que mire también hacia esta orilla.
Y ya entrando en materia, el ministro Corbacho anunció ayer un drástico recorte a las contrataciones de extranjeros en origen. Vamos, que la cosa es que no vengan, ni ilegal ni legalmente. Cerramos las ventanas para que no se cuelen, pero también les damos con la puerta en las narices. Y, en el colmo del despropósito, el ministro Rubalcaba dice que endurecerá las penas contra los supuestos patrones de cayucos, que no son sino los mismos inmigrantes que pagan el viaje llevando la piragua o que se prestan a ello porque saben hacerlo. Pero esto lo sabe Rubacalba y cualquier persona con sentido común, lo que pasa es que el Gobierno necesita chivos expiatorios para descargarse de responsabilidad: las mafias y los patrones. Menuda patraña.
Bien podrían esmerarse en investigar un poco qué están haciendo algunos gobiernos africanos con el dinero que España entrega a lo loco para que éstos cooperen con la vigilancia costera y las repatriaciones. En mi reciente viaje a Senegal, un joven bien informado me dijo, claramente, que el Gobierno español se había convertido en el brazo financiero del partido que gobierna en este país y, además, pude ver con mis propios ojos el uso particular que algunos privilegiados están dando a los millones y millones de euros que España les envía para, supuestamente, fomentar el retorno de los jóvenes a la agricultura. Así que menos chau, chau y más controlar la cosa, señores ministros.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

SIGUE LA DESESPERANZA



Una nueva tragedia nos despierta del letargo. Una decena de inmigrantes muertos en un cayuco que llegó esta mañana al sur de Gran Canaria. El goteo continúa. Los pueblos del interior de Senegal o de Malí siguen siendo una cantera inagotable para los cayucos, acabo de regresar de allí y no hay chico menor de treinta años que no tenga en la cabeza mejorar las condiciones de su familia logrando colarse en la fortaleza europea. Mientras tanto, la supuesta ayuda española (también lo he visto con mis propios ojos) sirve para financiar a partidos políticos y los caprichos de los caciques locales. La gente sigue igual de desesperada. Como para jugársela en el intento. En la foto del gran Manuel Lérida, un inmigrante atendido en el sur de Tenerife hace un par de días.

jueves, 28 de agosto de 2008

LA CUNA DE LOS INVISIBLES




Tras un regreso muy complicado, con más de 24 horas de retraso, ponemos pie en Gran Canaria. Estamos tristes y nos encontramos una isla triste. Tanta muerte. El accidente del vuelo de Spanair nos cogió en Senegal y nos dejó desolados, sedientos de noticias en un lugar donde no era fácil saber qué había ocurrido. Imaginamos la dureza de todos estos días, que nos llegaba hasta el continente africano amortiguada por la distancia pero que ahora vemos y sentimos en las caras de nuestros familiares y vecinos y amigos.


No hemos podido cumplir con la promesa de ir informando de nuestras andanzas, encontrar no ya Internet sino un lugar donde no hubiera un apagón eléctrico tras otro, fue bastante difícil. Quienes conocen África saben de lo que hablo. Sin embargo, ha sido un viaje especial, un contacto directo con una realidad también complicada.


Los últimos días estuvimos con Luc André Diouf en Joal y en su maravillosa islita de Fadiouth y también pasamos por Dakar, la ciudad que vive en el atasco permanente. Cuelgo algunas fotos de la maravillosa África, la cuna de los invisibles. La primera, cayucos frente a Fadiouth; la segunda, arrozales en la región de la Casamance. Ambas las hizo Magec.
 
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